Panamá: treinta años sin tirano

Autor: Sebastián Narváez

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Galanteando a mis lectores panameños, hoy traigo un testimonio sin igual de libertad. Soy partidario de que la invasión del 20 de diciembre de 1989 se escriba de nuevo en los libros de historia de Venezuela, Nicaragua, Republica Dominicana, entre otros pobres oprimidos. No me sería objetivo afirmar que en ese entonces se liberó a Panamá del todo, es innegable que los tentáculos de las drogas y el lavado de dinero siguen latentes en el corazón de Centroamérica. Sin embargo, ahíto de la opresión, el Panamá de entonces evitó caer en las temibles y oscuras voluntades del comunismo. Al termino de la Guerra Fría, la invasión de Estados Unidos a Panamá y la captura del narcotraficante Manuel Noriega, ya suponían una infausta derrota para forajidos cómo los Castro (Cuba) y los Ortega (Nicaragua). A lo lejos percibo ya los insultos de quienes suponen que soy imperialista, con un intelecto anárquico que no me permite entender la soberanía, o que predico aulas de colonizador. Con ninguna de las anteriores concuerdo, pero si pretendo exhibir la fuerza militar del estatus quo como medio superior e infalible para acabar con la opresión comunista en los pueblos de América Latina. Hoy se cumplen 30 años de esta victoria en Panamá, y qué mejor que recordarla para redituar aires de sosiego a quienes aun no consiguen la libertad de su patria.

Tomada de: The New York Times

Noriega, mano derecha de Omar Torrijos, se instauró como presidente de Panamá después de que su antecesor y maestro muriera en un accidente aéreo. Según documentos que se conocerían años más tarde, el fallecimiento de Torrijos abría sido provocado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). Algunos argumentan que los norteamericanos procuraban diluir cualquier acercamiento de los japoneses para apropiarse del canal. No obstante, haciendo un análisis de hecho, me adhiero a la hipótesis de que Manuel Noriega asesinó a su maestro y utilizó su trayectoria en la CIA para “lavarse las manos”. Ambos, de carrera militar, habrían sido entrenados por el gobierno norteamericano, y con recurrencia compartían información sobre el trafico de armas y de drogas perpetrado por el establecimiento comunista. Estados Unidos omitía sus nexos con el narcotráfico para así utilizarlos como carnada, teniendo pleno conocimiento de cómo sería su colofón. No se equivocaron, pues Torrijos y Noriega terminaron como todos los políticos narcotraficantes, despojados de sus opulencias y desamparados ante los pedidos de clemencia. Ante los ostentosos ofrecimientos del régimen cubano, lo más factible para Noriega fue dar de baja a Torrijos y asumir sus responsabilidades; principalmente auxiliando el trafico de drogas procedente de Cuba y Nicaragua, del cual era socio y beneficiario. No hay ladrón que no robe a ladrón por un par de balboas; los cuatreros no conocen de honor.

Tomada de: European Press Photo Agency

En las elecciones de mayo de 1989 ya se evidenciaban los efectos de el que era, a mi juicio, un régimen comunista disfrazado de Yanqui. Las protestas sociales acrecentaban, y no eran muy diferentes a las que recientemente presenciamos en Bolivia o Venezuela. Manuel Antonio Noriega dispuso de todo su conocimiento adquirido en la CIA para oprimir a sus contrincantes políticos y así asegurar las transacciones de dinero provenientes de Cuba y Nicaragua. Después de que Herbert Bush pidiera su renuncia, y necesitado de populismo, Noriega se pronunció: “Le digo a los norteamericanos, a Elliot Abrams, que no me siga amenazando porque no le tengo miedo a la muerte”. Cuatro días mas tarde incoaría el fin de un narco-terrorista más. Manuel, quien no le temía al óbito, se resguardaba de este en la nunciatura apostólica ante la oportuna invasión de los norteamericanos. Me es preciso hacer un alto en el camino, y como católico apostólico romano, repudiar que premisas y ministros de la Santa Sede consintieran el menester de un facineroso.

Tomada de: NPR – Associated Press

Los acontecimientos de la Panamá libre, prospera y democrática son dignos de recordar en un día como hoy. Pese a que la economía de la mayoría del continente goza de los privilegios y libertades otorgadas a la nación por los héroes, quienes salvaron a la patria de caer en las temibles y oscuras voluntades del comunismo; no podemos preterir las grietas rojas de atosigamiento y las goteras bolcheviques que aun esperan ser recompuestas en Cuba, Venezuela, Nicaragua, y próximamente en Argentina, Republica Dominicana, y México. Si Nicolás Maduro, los Kirchner o Danilo Medina no repasaron los capítulos de Manuel Noriega (1989) o Evo Morales (2019), debemos ser nosotros quienes caigamos en la tentación de apoyar la fuerza militar del estatus quo como medio superior e infalible, para acabar con la opresión comunista en los pueblos de América Latina. Esto no significa avasallarse ante los Yanquis, mas sí entender que el mundo multipolar en el que habitamos en el siglo presente, es permisivo de utilizar la fuerza en nombre del bien para combatir la penumbra de un tirano. Demando que la lección aprendida de Panamá 30 años más tarde y sus frutos, sean la pauta de libertad social y económica de las naciones del continente. Eternamente conmemorada, “Operación Causa Justa”, Panamá diciembre de 1989.    

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