Un exitoso modelo de cartón

Autor: Juan Baldeón S

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Guayaquil, la Perla del Pacífico, es la segunda ciudad más grande del Ecuador y, si hablamos de temas económicos, es un punto neurálgico para el comercio nacional. Sin embargo, hoy sus puertos, sus calles, sus grandes edificios y sus parques están detenidos, congelados en la burbuja de tiempo de una inclemente tragedia. El 29 de febrero se detectó, en esta ciudad, el primer caso de Covid-19 y se destaparon los problemas.

Durante casi 30 años Guayaquil ha estado bajo la administración del Partido Social Cristiano, un grupo vinculado políticamente a la derecha. Jaime Nebot, acérrimo opositor del Expresidente Rafael Correa relevó, hace 20 años, a León Febres Cordero en el puesto de la Alcaldía. En mayo del 2019, la abogada Cynthia Viteri relevó a Nebot. Todo este tiempo, la derecha ecuatoriana se vanaglorio del modelo exitoso de Guayaquil. La Perla del Pacífico era aplaudida como ejemplo del progreso y de las ventajas del credo neoliberal.

Poco se hablaba sobre la pobreza en las zonas periféricas de la ciudad; pues bien se sabe la desigualdad de las partes es una condición estructural del sistema capitalista. No obstante, esta ciudad hizo pensar que la modernización era un sueño posible. Viendo a Guayaquil se creía en un estado moderno, digno representante del ejercicio de la razón instrumental para la administración pública. Era el modelo exitoso, el sueño de la derecha ecuatoriana. Poco duró el sueño. En 2020, el Covid-19 desnudó esta fachada.

Tomado de: Metroecuador.com.ec

En un primer momento, todos pensamos que Guayaquil, ícono de la modernización ecuatoriana, tendría lista una respuesta de sus gobernantes, esos agentes racionales, calculadores y sumamente eficientes. Por tanto, pensamos que el tan laureado modelo exitoso no tendría problema en poner en marcha todos los engranajes del biopoder para controlar la pandemia. Después de todo, un estado moderno, con monopolio del uso legítimo de la fuerza, está en condiciones de administrar cuerpos y, como diría Foucault “hacer vivir y dejar morir”.

Era cuestión de hacer respetar el aislamiento social y de someter a la población al poder médico, importante aliado de los verdaderos estados modernos. Pero no, el modelo guayaquileño demostró no ser el portador de esta modernidad, de esta eficiencia administrativa. Fue como si, de pronto, lloviese sobre este modelo exitoso y se cayese su fachada de cartón.

Tomado de: Rutachile.com

Los casos de Covid-19 en Guayaquil han alcanzado niveles críticos. De hecho, según cifras publicadas el 7 de abril, la provincia de Guayas registra 2,706 casos, casi el 70% del total de casos reportados en Ecuador. La pobreza de las zonas marginales demuestra el fracaso del supuesto modelo exitoso.

Ahora, la gente de estos sectores, cuyo ingreso depende del día a día, se enfrenta al hambre y no tiene más remedio que violar la distancia social preventiva. El gobierno local ha sido incapaz de dar apoyo a estos grupos y los ha abandonado a su suerte. En medio de la crisis, el 19 de marzo de este año, Viteri después de impedir la llegada de un vuelo humanitario, afirmó tener Covid-19 y desapareció de la escena pública. Un gobierno local ausente, gente pobre luchando por sobrevivir en las calles y cuerpos abandonados, pues no hay gestión que permita su digno sepelio, son los componentes del panorama que se vive en Guayaquil.

Tranquilos. Hace pocos días asomó Viteri en la palestra pública de las redes sociales y anunció su gran aporte. Ella, toda una gobernante, un ícono del progreso, gestionó la donación de ataúdes de cartón para levantar los cuerpos que decoran las calles.

Hoy la muerte, esa cara oscura del progreso neoliberal, inunda las calles del Guayas y, para sus gobernantes, lidiar con ella es una cuestión de imagen política y no de dignidad humana. Además, ¿qué importa que sean ataúdes de cartón? Todo el régimen de la derecha se sostiene en esas fachadas que, ante la menor lluvia, desnudan su cinismo.

2 pensamientos

  1. Lo de Guayaquil es una tragedia tan dantesca que cualquier opinión se queda corta frente a la corruptela que solo le sirven los pobres que sigan viviendo para comprarles su voto…

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