Uribistas y Petristas, cortados con la misma tijera

Autor: Simón Delgado Marulanda

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Siempre nos han dicho que quien no conoce su historia está condenado a repetirla y tal parece que al colombiano con la misma ligereza con la que se la enseñan, así mismo la olvida. Quizá sea esta una de las razones por las cuales llevamos más de 50 años matándonos por lo mismo.

Y es que todo parece indicar que Colombia vive en un déjà vu constante, donde los acontecimientos que vive en el presente son una extraña repetición evolucionada de situaciones vividas en el pasado; una de ellas, y la que hoy nos compete, corresponde al exacerbado adoctrinamiento en el cual, la dicotomía entre uribistas y petristas, ha sumido la nación. Un fenómeno con características muy similares al ocurrido en el periodo bipartidista del Siglo XX, donde conservadores y liberales se mataban entre sí por “defender” sus ideologías.

Tomado de: csmonitor.com

La violencia interna en Colombia se ha presentado de distintas maneras y con diferentes actores, pero con una causa común de por medio:  el interés por el poder político. En razón de ello Colombia vivió entre 1930 y 1953 una de las épocas más sangrientas y crueles de su historia: la denominada “violencia bipartidista”, la cual causó la muerte de más de trescientos mil colombianos a nombre de las banderas azules y rojas. Fueron miles los colombianos pobres, ignorantes y hasta analfabetas que (tras no tener una base argumentativa sólida para justificar sus ideologías) les tocó recurrir a la violencia para defender posturas que, en muchos casos, ni siquiera tenían claras. Como peones, miles de campesinos y trabajadores pobres fueron utilizados por la élite liberal y conservadora, a la cual poco le interesó la despiadada violencia en el país, pues lo que importaba era mantener el poder y que sus miserables actos de corrupción fueran ocultados o justificados por sus adeptos.  

Los conservadores (muy religiosos, centralistas, “cultos” y azules como el mar) terminaron convirtiendo el país en un océano de sangre, pasando por alto el quinto mandamiento de Dios, para convertirse en unos masacradores a sangre fría y adoptar en su cultura a los chulavitas y pájaros como héroes nacionales. Mientras tanto los liberales rebeldes, intelectuales, federalistas y rojos se transformaron en degolladores al responder con masacres, incendios y asesinatos a las provocaciones conservadoras. Como vemos, los colombianos hemos hecho de la doble moral una filosofía nacional desde tiempos inmemorables, todo esto bajo la religión más totalitaria y adoctrinante como lo es la política.

Tomado de: Thenation.com

En la actualidad estos partidos ya no tienen el poder de esa época debido a que el desprestigio acumulado en tantos años condujo a una mutación, convirtiendo lo que antes eran Conservadores y Liberales en Centro Democrático, Cambio Radical, Polo, Verdes, Mira, etcétera, en partidos que al final de cuentas terminan uniéndose, renunciando a sus principios simplemente para no perder el botín del Estado. Entre tantos partidos, Colombia tiene dos posturas muy marcadas y opuestas entre sí, las corrientes “Uribistas” y “Petristas”.

Después del anuncio de Gustavo Petro sobre el padecimiento de su enfermedad, fueron miles las reacciones en todo el país, muchas deseándole mejoría y otras cuantas deseando su muerte.  Entre estas opiniones nos volvimos a encontrar de frente con la sociedad en la que estamos, una sociedad indolente, hipócrita y fanática en la cual el valor de la vida pasó hace muchos años a segundo plano. 

Video tomado de: El Tiempo

Por un lado algunos seguidores de la derecha “pro-vida” radical del país reaccionaron alegrándose de la situación y deseándole al “comunista de Petro” la muerte, pues según muchos “uno cosecha lo que siembra”. Los mismos que fueron engañados con el castrochavismo, con el foro de Sao Paulo o que votar SÍ a la paz hacía de Timochenko presidente, salieron con la tendencia #PetroMiente, vaya paradoja. Al parecer esos diezmos millonarios a sus pastores y todas las horas dándose golpes de pecho en las iglesias fueron tiradas a la basura, porque estoy seguro que a Jesucristo no le hará mucha gracia concederle el perdón divino y la entrada al reino de los cielos a quien lo único que hizo en vida fue desearle la muerte a sus prójimos y negarse rotundamente a uno de los más importantes valores del cristianismo: la paz.

El lado opuesto del asunto tampoco dio buen ejemplo. Quienes alardean de ser progresistas aplicando la política de la vida y el amor, estaban enviando mensajes de apoyo a Petro y reaccionado indignados por las afirmaciones mal intencionados de sus rivales. Sin embargo, su otra moral anhelaba la muerte de Álvaro Uribe. La tendencia #YaUribe refiriéndose al porque Petro le sucedió su cáncer y a Uribe ni una gripa o cualquier situación que acabase con su vida dejó ver lo hipócritas que somos. De nada ha servido ese a la paz, cuando de boca se profesa mientras de corazón se apuñala.

No insinúo que las ideologías sean malas, al contrario, estas fortalecen la vida en democracia. En lo que enfatizo es en replantearnos hasta qué punto le tenemos que ser fieles a una corriente para evitar convertirnos en fanáticos energúmenos al servicio de algún político, pues estos, evidentemente, nos son poseedores de la verdad absoluta. La actividad política se tiene que mirar con un constante sentido crítico para tener la capacidad de analizar objetivamente los puntos de vista de quienes decimos apoyar y no caer en un adoctrinamiento que nos impulse como borregos a defender causas indefendibles. Cuando eso sucede dejamos de ser actores políticos para convertirnos en fanáticos y recordemos lo que el fanatismo ha hecho en el mundo con Hitler o Mussolini.

Tomado de: Las2orillas.co

Aunque ya no salimos a matar personas por sus pañuelos rojos o azules, si cogemos un celular para emprender una especie de terrorismo digital contra quien piensa diferente. Y ojo, porque una cosa es debatir en redes con argumentos sólidos y en el marco del respeto y otra es tratar de “mamerto” o “uribestia” a todo el que se encuentre. 

No obstante es importante entender algo: ambas corrientes, tanto la petrista como la uribista, son importantes en el escenario político colombiano, pues sus contribuciones al debate público, digno de una democracia participativa e incluyente, son necesarias para la construcción de país desde las diferentes visiones del mismo, y cabe recordar que la presencia de ambos actores ha sido fundamental en el ejercicio legislativo: sin la oposición de Petro no hubiéramos hablado de parapolítica o falsos positivos y sin la presión de Uribe no hubiéramos hablado de la mermelada repartida en el gobierno Santos.

A modo de conclusión, cada quien tendrá que realizar una introspección para analizar si como ciudadanos estamos contribuyendo al debate de país desde una mirada seria y objetiva, con el ánimo de construir en base a propuestas e ideas innovadoras, pero también denunciando de manera vehemente y responsable todo acto que vaya en contravía del interés general. De lo contrario, si somos ciudadanos incendiarios, con argumentos ofensivos y poco inteligentes mi recomendación es dejar de polarizar y más bien empezar a ser constructores de paz para entrar a la opinión pública de manera coherente porque, si bien es cierto que a ella estamos todos invitados a participar, las cosas serán muy distintas cuando  asumamos como conjunto una responsabilidad crítica con el país, más allá de egos políticos o adoctrinamientos ideológicos y así, en algún momento, tener una única postura que nos motive a sacar este país adelante.  

3 pensamientos

  1. MUY REFINADO EL CONCEPTO DEL COLUMNISTA DE LA UNIÓN EN TORNO A UNA IDEOLOGÍA QUE NO PROMUEVA ODIO SINO EL SINCERO AMOR POR LA PAZ. PERO MIENTRAS BUSCAMOS ESE PROPÓSITO CON TODA NUESTRA ATENCIÓN Y CAPACIDAD HUMANITARIA SE NOS SIGUEN MONTANDO EN EL PODER LOS MISMOS DESTRIPADORES DEL FISCO Y LA RES PÚBLICA Y NOS DEVUELVEN AL MISMO PUNTO DE PARTIDA DE LA MISERIA Y LA DIFERENCIA DE OPORTUNIDADES QUE ENGENDRAN EL MISMO ODIO DE DONDE SALIMOS.

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