Los juegos del hambre

Autor: Juan Pablo Ospina Valencia

Twitter: @juos_410
Instagram: @juanpa_410

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Entre las muchas cosas sobre las que el aislamiento me ha puesto a reflexionar recordé una clase de problemas internacionales por allá en el 2018. En aquella oportunidad hablábamos del por qué fracasan los países, y analizamos unos cuantos capítulos de “El Hambre” del argentino Martín Caparrós. Hoy concuerdo totalmente con el autor del libro cuando dice que el hambre es “El fracaso más grande del género humano”, y no solo eso, sino que también es la metáfora más violenta de la incapacidad y desinterés de los Estados, particularmente el colombiano para garantizar los mínimos vitales de supervivencia a sus ciudadanos. 

Colombia siempre ha estado en los deshonrosos primeros puestos de los países más desiguales de América Latina, lo que indica que en nuestro país los ricos se hacen cada vez más ricos mientras que los pobres se hacen cada vez más pobres. No soy un experto en temas económicos ni mucho menos sociólogo, pero, con las billonarias exenciones tributarias que Iván Duque les regaló a los multimillonarios del país la pasada navidad se puede justificar la tesis de que el hambre depende de la voluntad política de los gobiernos; básicamente porque el hambre es el resultado de la inequitativa distribución de la riqueza. Esto explica por qué Sarmiento Angulo, o Ardila Lulle o los Santo Domingo no han colgado el estandarte del hambre en sus ventanas, ni han salido a protestar como la semana pasada en Bogotá porque las ayudas que prometió el gobierno no habían llegado. Porque no son ellos los que tienen las neveras y alacenas vacías, y no son ellos los que probablemente han tenido que acostar a sus hijos más de una noche de esta cuarentena con el estómago vacío.

Y es que el confinamiento al que nos ha forzado la pandemia ha develado una situación latente en la sociedad colombiana, pero que tristemente hemos naturalizado: En Colombia la gente sí se muere de pura y física hambre. Y el problema no es que no haya comida, porque anualmente en el mundo se produce el doble de los alimentos necesarios para darle de comer a toda la humanidad; el problema es que la gente no tiene plata para comprarla. Por eso el 60% de los colombianos que están desempleados o en la informalidad tienen que escoger todos los días entre quedarse en casa cumpliendo las directrices del gobierno y morirse de hambre, o romper la cuarentena y exponerse a  morir contagiado por coronavirus. ¿Cuál de los males resulta menos peor?

Presentación de “El hambre” del autor Martin Caparros
Tomado de: Elpais.com

El hambre actual es la más canalla de la historia, porque además de la falta de voluntad política para repartir equitativamente la riqueza, se ha instrumentalizado como un aparato ideológico, represivo y adoctrinador del sistema, la economía, la sociedad y hasta la misma religión. Esto se ve claramente en las campañas políticas, cuando los ciudadanos venden su voto a cambio de un mercado, un tamal, una porción de lechona, arroz con pollo, un plato de sancocho o hasta un pastel con gaseosa. Estos actos más allá de ser meramente una atención con los electores tienen un  mensaje subliminal detrás: “Pórtense bien y voten por mí, que conmigo no les va a faltar la papita diaria”. Pero aun con bandejas rebosantes de comida durante las campañas electorales, los susodichos candidatos llegan a ocupar sus cargos y el fenómeno del hambre sigue impávido en la sociedad ¿Por qué? pues porque, aunque nadie esté a favor del hambre, tampoco nadie parece estar en contra; y es por eso que nuestros ilustres políticos prefieren dedicarse a combatirla que prevenirla, como a cualquier otro fenómeno en el país.

Pero en medio de la crisis que atraviesan las familias colombianas por no tener que comer no todo ha sido malo. El gobierno ha puesto en marcha una estrategia de auxilio económico para las familias más necesitadas denominada ingreso solidario, con la cual las familias recibirán 160 mil pesos para hacerle frente a la contingencia ¿Es en serio? Sí, es en serio. 160 mil pesos por familia para hogares de los estratos más pobres del país donde el número promedio de sus integrantes es de 4 a 5 personas y que debe alcanzarles para comer por el tiempo que dure la cuarentena. Si así se preocupan por las personas más vulnerables en situaciones atípicas imagínense entonces la prioridad que deben tener con ellas en circunstancias normales.  Además, para los políticos, los ciudadanos somos fichas clave en sus juegos del hambre para seguir robando y saciando sus propios intereses, tal y como han denunciado varios medios nacionales, pues a expensas de los más vulnerables la Contraloría encontró sobrecostos de casi 80 mil millones de pesos en los contratos que algunos mandatarios firmaron para la compra de ayudas humanitarias; en donde, entre muchas otras irregularidades, se registraron compras de latas de atún a 20 mil pesos. ¿Será que también facturaron el mercurio que traía el atún?

Tomado de: Lafm.com

Lo que sí está claro es que el problema del hambre no es de este gobierno, sino que es un cúmulo de desatención y falta de voluntad de mandatos anteriores. Lastimosamente en este momento el rancho se le está quemando al que, para muchos, es el presidente más inexperto, por no decir inepto, de toda la historia de Colombia. Si bien el gobierno no está en capacidad de hacerse cargo de la alimentación de casi 50 millones de colombianos, la oposición radical tampoco es que esté haciendo mucho por apagar el incendio, sino que como dice el cuento se ha dedicado a llevar leña para el monte. El Estado no puede convertirse en un estado asistencialista, pero sí es su responsabilidad garantizar el acceso a los mínimos vitales. Es nuestra responsabilidad, como ciudadanos cambiar el chip de que un plato de lechona nos va alimentar por 4 años y pensar a futuro para que no permitamos que sean los mismos avivatos de siempre, los que se rifan el presupuesto de la papita en aguinaldos para los amigos políticos del gobierno de turno a pupitrazo limpio en el Congreso. Solo así vamos a poder triunfar en estos juegos del hambre.

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