Pizarro: un hombre que cayó en primavera

Autor: Felipe Cardona Mayo

Instagram: @felipe_cardona

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

45 días después de la dejación formal de armas en el caserío indígena de Santo Domingo Cauca, el comandante del M-19 y candidato a la presidencia de la república, Carlos Pizarro Leongómez es asesinado por Gerardo Gutiérrez Uribe, un joven sicario de tan sólo 21 años proveniente del hampa paisa que le propinó varios disparos en la cabeza con una Subametralladora Ingram, el 26 de abril de 1990, minutos después de que despegara el avión que cubría la ruta Bogotá-Barranquilla.   

Su destino se vio marcado por la traición del establecimiento luego de que el M-19 decide desarmar sus estructuras en todo el país, para iniciar un camino democrático donde todas las vertientes ideológicas fueran aceptadas a través de un diálogo nacional o, como lo llamaba Bateman de manera satírica y popular, el sancocho nacional; donde se vieron materializadas en las declaraciones conjuntas entre el consejero Rafael Pardo y el comandante Pizarro todos los mecanismos constitucionales para abrirse a un nuevo modelo democrático, cada uno representando dos facciones que por años habían evitado dialogar y que ahora se ponían de acuerdo para seguir construyendo un camino de paz que otros habrían de recorrer.  

Tomada de: 90minutos.co

En marzo de 1989 a través de la cuarta declaración se inicia una fase de transición y una mesa de trabajo para la paz y la reconciliación nacional para concertar un posible acuerdo. 

El 5 de octubre de 1989 tras la X Conferencia del Movimiento 19 de Abril, la decisión es tomada: la dejación de las armas, reintegrarse a la vida civil y constituirse en movimiento político legal para democratizar la vida colombiana mediante la realización de una Asamblea Nacional Constituyente que le diera vida a una nueva constitución.  

El 8 de marzo de 1990, tras largos meses de negociación con el gobierno Barco, el M-19 deja las armas, las cuales representaban un compromiso lleno de sacrificios para los combatientes, por lo que acordaron que sus armas no serían entregadas sino dejadas a un organismo internacional que terminaría fundiéndolas para que lograran así un destino digno. Recordando cuando Carlos Erazo, alias “Nicolás”, dio la orden: “Por Colombia, por la paz, dejad las armas” donde minutos después Carlos Pizarro, visiblemente emocionado, depositó su pistola nueve milímetros sobre la bandera nacional. Al finalizar la entrega de armas una periodista española le preguntó al comandante “¿Qué significa el arma que acaba de dejar?”, y afligido le respondió: “A nivel personal, una vida, pero también significa la vida de hombres y mujeres que murieron por conseguir un poco de democracia en Colombia”.  

Tomado de: Elespectador.com

“Aquí hay hombres que durante muchísimos años han empuñado las armas del M-19 por la paz de Colombia, por la dignidad de la democracia de nuestro país, por abrirle a Colombia un horizonte, donde tengamos una patria más cercana a todos. Y se hace más difícil para los que estamos aquí, que hemos vivido durante muchísimos años en la guerrilla, hacer este acto simbólico y real de la dejación de las armas que cualquiera de los combates que hemos tenido en el pasado”. Fueron las palabras de Carlos Pizarro después de la dejación de armas en Santo Domingo (Cauca).

Después de firmar el acuerdo el 9 de marzo en la casa de Nariño, donde Virgilio Barco lo esperaba ansioso para consolidar un sueño que le partencia a todo el país, Carlos Pizarro comienza su vida pública en legalidad, donde se encontró con un pueblo nuevo dispuesto a apoyarle en sus propuestas políticas de pluralidad y democracia verdadera, donde su dimensión trascendió las formas tradicionales de hacer política. Por eso los colombianos creían en su palabra y querían cambiar su historia de la mano de un agente de paz y reconciliación.  

Durante el mes de marzo, antes del asesinato, el M-19 había obtenido 100 mil votos en las elecciones al congreso y se habían convertido en la tercera fuerza política de la capital del pais. Pizarro ganaba cada vez más seguidores dentro de la población, quienes se interesaban en su discurso social y, además, se sentían atraídos por su indiscutible carisma.  

Pizarro se presenta como candidato a la alcaldía de Bogotá y luego a la presidencia de la república, donde durante de una de las muchas entrevistas y alocuciones vaticinó su suerte con una ensordecedora frase: “La recompensa de nuestra generosidad no puede ser la paz de los sepulcros”. 

El comandante fue acribillado en pleno vuelo el 26 de abril de 1990, el atentado fue atribuido de manera inmediata al grupo de Los Extraditables, quienes desmintieron la versión en un comunicado presidido por Pablo Escobar Gaviria. 

Tomado de: Eltiempo.com

El asesinato de Pizarro, así como los crímenes de Galán y Jaramillo Ossa, fueron declarados de lesa humanidad por la justicia. Sin embargo, la impunidad reina en el caso Pizarro, pues las únicas personas que fueron declaradas culpables murieron. En 2001 se condenó a 20 y 25 años de cárcel a los exjefes paramilitares Fidel y Carlos Castaño quienes fueron luego asesinados. Este fallo se dio después de que el propio Carlos Castaño declarará en su libro ‘Mi confesión’, que fue el encargado de liderar el plan para ejecutar al líder político. Desde entonces nadie más ha sido vinculado ni condenado por esta muerte, pero como como todos los crímenes de estado los eslabones de salieron a relucir por su incompetencia operativa.  

La redacción judicial del diario El Espectador nos demuestra que existió una irregularidad en el abordaje y es que los escoltas no entregaron sus armas para que fueran llevadas en bodega como siempre lo hacían, supuestamente, por la tardanza en la entrega de los pases de abordar. Además, estos le habrían dicho a Pizarro que se sentara cerca del baño para, según, estar más protegido. Sin embargo, el sicario que mató a Pizarro salió armado del baño y le disparó en repetidas ocasiones al exlíder político y militar del M-19. Luego, este habría sido sometido por los escoltas. Sin embargo, uno de ellos le habría disparado varias veces, a pesar de que los compañeros le decían que ya tenían controlada la situación. 

Esta situación, podría significar la clara participación de agentes del Departamento Administrativo de Seguridad en el crimen, sobre todo al conocerse que el escolta del DAS que mató al homicida nunca fue llamado a rendir indagatoria en la comisión que tomó la investigación del crimen Pizarro. Además, dentro de los pocos testimonios recogidos, un antiguo miembro de las autodefensas aseguró que agentes del Departamento Administrativo de Seguridad  le entregaban a Carlos Castaño información sobre los recorridos y agenda de Carlos Pizarro, sin embargo, nunca se ahondó en esta línea de investigación.  

Después de agotar todos los mecanismos de la jurisdicción interna, no quedó más opción por parte de las víctimas del magnicidio que acudir a instancias internacionales, por ello se señaló a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que no se profundizaron en otras líneas de investigación como la presunta relación del DAS con el paramilitarismo.  

Tras casi 10 años de haber presentado una solicitud para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos investigue el caso por el magnicidio del líder político y candidato presidencial Carlos Pizarro, el organismo internacional decidió admitir el proceso para analizar la responsabilidad del Estado colombiano en este asesinato, que lleva 30 años en completa impunidad. (El Tiempo) 

Tomado de: Elespectador.com

“Llevamos casi 30 años esperando verdad y justicia, y que se le diga al país por qué se tomó la decisión de asesinar a líderes políticos, hombres como mi padre”, dijo al respecto su hija, María José Pizarro, quien hoy representa las ideas de cambio de su padre en el congreso de la república.  

Tras la admisión del proceso en septiembre de 2019 para estudio en la CIDH, ese organismo deberá analizar el caso y definir si hay méritos suficientes para que este llegue a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tribunal que podría eventualmente dictar una sentencia condenatoria contra el Estado Colombiano, garantizando a las víctimas el acceso efectivo a la justicia que se les ha sido negada en este territorio carente de vida.

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