Un chavista en el “imperio”

Autor: Aldumar Forero Orjuela

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Ernesto López, un ciudadano oriundo de Maiquetía, Estado La Guaira (Venezuela), estaba a la salida de su casa muy pensativo por la situación que vive su país por cuenta del virus chino. Sabe muy bien que su país no cuenta con un sistema de salud público de calidad y que el gobierno (al cual apoya irrestrictamente) se ha robado por años el erario para satisfacer los intereses de los narcotraficantes en el poder. 

Lo peor para Ernesto es que sabe de la actitud del gobierno al que apoya y es consciente de igual manera que por culpa de este, la situación por el virus con seguridad será peor. Sabe también que las cifras hasta ahora registradas han sido maquilladas para esconder la realidad de los efectos de esta pandemia. Por eso no sabe qué hacer, se encuentra en una encrucijada por su vida donde le toca decidir seguir apoyando al régimen o salir del país y dejarlo todo. No es una decisión fácil para él.

Estuvo toda la noche pensando en qué decisión tomaría no durmió, en su oficina escribió las posibles consecuencias de tomar cualquiera de las dos decisiones que se propuso. Primero, escribió en un cuaderno nuevo las posibles consecuencias que traería consigo el quedarse en Venezuela apoyando al régimen. Ernesto no era tonto. Hizo una lista de diez consecuencias que traería esa decisión:

Tomado de: Diariolasamericas.com

  1. Me quedo y si me enfermo por coronavirus seguramente en mi casa no podré hacer cuarentena porque tengo que comer, es decir, me tocaría salir a comprar el alimento. 
  2. Si mi salud empeora (por el coronavirus) seguramente no habrá los instrumentos necesarios para que puedan atenderme y salvarme de la enfermedad. En otras palabras, me muero. 
  3. Si un familiar se enferma por el coronavirus, no podré ir al hospital porque no tendrían cómo atenderlo; y si voy donde el régimen, me mandarán para la casa porque dirán que el problema es de salud pública y no una cuestión personal. O sea que me darían la espalda.
  4. Ahora, si no me enfermo y ningún familiar se enferma, indudablemente el régimen se apartará de mí porque ellos estarían más ocupados “atendiendo” la emergencia sanitaria e ideando cómo responderle a Estados Unidos. Quedo en un segundo plano.
  5. Por cuenta del coronavirus, los precios de los pocos alimentos que quedan se inflarán más de lo que ya están y no podré comprarlos porque el dinero que ante tenía se devaluó. El régimen no me ayudará.
  6. Es cierto que soy uno de los integrantes de las milicias bolivarianas y sólo los he acompañado porque he tenido un trato preferencial ante el régimen, pero ahora ya no. Las consecuencias del coronavirus me ha obligado a pensar en mí y no en la revolución.

7. Si me quedo en Venezuela tengo que apoyar al régimen como lo he hecho por muchos años y con todo lo que está pasando tendría que apoyarlos más, pero sé que ante la falta de sistema de salud, muy probablemente, si me enfermo moriré y ante una inminente intervención por parte de otros países, Venezuela podría ser destruida. Y no lo digo porque los yanquis vengan y bombardeen ciudades, eso no pasará, los gringos ya no son tontos, lo que me preocupa es que Maduro sacará a las milicias ciudadanas a combatir y ordenará que ataquemos, por lo cual los marines estadounidenses responderán matando a muchas personas. 

8. Si me quedo y por el hambre tengo que protestar para que me den comida, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional  me arrestará y me llevará a un calabozo como a todos los opositores que lo han increpado. 

9. El quedarme en Venezuela apoyando al régimen no me asegura un futuro digno, si quisiera estudiar en este momento no me darían la oportunidad y tendría que quedarme en casa sin decir ni una sola palabra. Básicamente me arrestarían estando en la casa.

10. Quedarme en Venezuela significa que nunca podría tener un negocio de mi propiedad, pues está prohibido. Y ante esta pandemia el régimen no le dará comida a todos y tendría que buscar la forma de conseguir el dinero para alimentarme.

Tomado de: Diariolasamericas.com

Esto fue lo que escribió Ernesto después de reflexionar extremadamente las consecuencias que podría acarrear si se quedaba en Venezuela. Sabía muy bien que no estaría bien si seguía del lado del narcorégimen. Por eso contactó a un amigo que estaba en Estados Unidos – a ese amigo, llamado Alejandro, lo conocía desde la infancia y, a diferencia de él, Alejandro escogió el camino del progreso y del trabajo. Por eso, cuando Hugo Chávez asumió el poder en 2001, decidió viajar a la Unión Americana. Ernesto no se fue con su amigo porque para esa época pensaba que la Revolución Bolivariana iba a ser toda una aventura para todos, y vaya que fue una aventura, una muy arriesgada con resultados catastróficos para él. Aún cuando estaba del lado del régimen se preguntaba “si así vivo yo, ¿cómo vivirán los demás?”-. Lo llamó y le comentó todo lo que estaba pasando en Venezuela, Alejandro ya sabía todo. Asustado y preocupado, casi llorando, Ernesto le dijo a Alejandro “Chamo, necesito salir del país, ya no aguanto ni un segundo más sin comida, sin poder salir y son poder ir al médico. Tengo un dolor en el abdomen que me aqueja y por la situación nadie me atendería. Necesito tu ayuda, necesito ir a los Estados Unidos”. 

Alejandro le contestó “Ernesto, sé que ahora te das cuenta que ese modelo al que tu tanto defendiste sólo era una mentira, un discurso apasionado que por las necesidades o las ganas de cambio te embobó al igual que muchas personas. No te culpo por eso. Sin embargo, es muy difícil que vengas a los Estados Unidos. Primero porque debes saber cómo salir de Venezuela sin que te cachen; y segundo, entrar a este país es muy difícil”.

Ernesto le dijo “No te preocupes por eso, hermano, necesito que me ayudes a entrar a los Estados Unidos, yo me encargo de cómo salir de Venezuela”.

-Listo Ernesto, hablaré con algunos contactos aquí en Miami que se encargan de migración para que te dejen entrar- dijo Alejandro.

Tomado de: Cazadoresdefakenews.com

Al otro día, Ernesto ya había encontrado la manera de salir de Venezuela. Durante el tiempo que estuvo apoyando al régimen, Ernesto se encargó del control del aeropuerto de Maiquetía y tenía muchos amigos pilotos y controladores aéreos, así que le dio una muy buena “mordida” a un piloto y a un controlador aéreo para que lo dejaran salir sin que el régimen se diera cuenta. El controlador era amigo de Diosdado Cabello, por lo tanto ese vuelo de incógnito sería justificado ante él con la excusa de que se debió a un envío de cocaína a los Estados Unidos. Por la noche estaba el avión ya en la pista con un piloto y con Ernesto a bordo, solo faltaba que el controlador diera la orden de despegar. A los diez minutos se dio esa orden y el avión alzó vuelo. Ernesto viajaba rumbo al aeropuerto Wilcox Field de Miami.  Durante el viaje, Ernesto llamó desde un teléfono privado a su amigo Alejandro para avisarle que ya se encontraba en camino y para preguntarle cómo sería el ingreso al país. 

Alejandro tenía todo fríamente calculado. Cuando llegara al aeropuerto y pasara por migración, un agente ya sabría cuál era la persona y lo dejaría entrar sin mucho papeleo. Después de tres horas y medias de vuelo, Ernesto llegó a Miami, el piloto se devolvió para Venezuela inmediatamente después que Ernesto bajó. Pasó por migración y, como se lo dijo Alejandro, todo ya estaba arreglado para que ingresara al país sin problema. Ernesto al saber que ya estaba en otro país se emocionó demasiado, luego fue a buscar a su amigo a la salida del aeropuerto, lo estaba esperando en un vehículo Toyota Prado modelo 2020. Cuando se encontraron se dieron un fuerte abrazo y fueron a la casa de Alejandro que quedaba en Key Biscayne.

Al llegar a la casa, Alejandro le mostró a Ernesto su estancia y lo invitó a comer en la sala-comedor. María – la esposa de Alejandro – cocinó un pavo muy sabroso. Mientras comían, el diálogo se dirigió al por qué Ernesto se había ido de Venezuela. Este les contó y al final dijo que la mayor equivocación de toda su vida fue haber apoyado a un régimen genocida que solo buscaba atornillarse al poder para mantener el negocio del narcotráfico y a quienes lo apoyaban sólo los tenía como carne de cañón si alguien se atrevía a “tocarlos”.   Cuando acabaron de cenar, Alejandro le mostró a Ernesto la habitación donde iba a pasar las siguientes noches, las que fuera necesarias mientras este conseguía un lugar donde poder vivir mejor e independiente. Ernesto se acostó y al se despertar al otro día a las seis de la mañana sintió que tenía que ir a buscar trabajo en lo que fuera, a ganar dinero y a tratar de buscar un apartamento para vivir y empezar a ahorrar para el futuro, sentimiento que nunca tuvo en su tierra, porque estaba de esclavo de un régimen que solo le daba migajas y con ellas se tenía que conformar. 

Alejandro y María invitaron a Ernesto a conocer el centro de Miami para que se fuera familiarizando con el lugar donde iba a vivir. Claramente tenía que cuidarse porque estaba indocumentado y eso si acarrearía problemas. Pasaron más o menos cinco años, por supuesto ya había terminado la contingencia del coronavirus en el mundo. Ernesto consiguió trabajo, se compró una casa en Manhattan, Nueva York, una de las ciudades más ricas del mundo. Se sentía feliz, ya era propietario de cosas conseguidas “con el sudor de su frente”. Se veía recurrentemente con Alejandro por cuestiones de amistad pero también para resolver el problema de migración. Una persona del gobierno norteamericano les dijo que aquello se podría demorar cinco años más, así que dejaron el tema de ese tamaño. 

Tomado de: Elpais.com

Ernesto un día abrió una página del diario The Washington Post donde el titular decía “La narcodictadura por fin cayó”, fue tanta su felicidad que saltó en su cama y rompió las tablas de la misma. Sin embargo, al seguir leyendo se encontró que las víctimas en los últimos cinco años habían superado los tres millones; millón y medio a causa del coronavirus el resto por las balas del ejército del régimen, ya que el pueblo hizo una revuelta para sacar a Maduro. – Qué tragedia – dijo Ernesto. -Algún día regresaré para colaborar con la restauración de mi país, donde el socialismo se extinga de esa tierra, fue por esa ideología que murieron y sufrieron muchas personas y eso no se puede volver a repetir- sentenció Ernesto López. 

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