Ayudar al rico para ayudar al pobre

Autor: Sebastián Narváez Medina

Twitter: @Snarvaez_
Instagram: @Snarvaez__

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

En el mundo contemporáneo parece que la resiliencia se ha convertido en un estado permanente de nuestra rutina. Cada verano la lista de problemas sociales se estira, siempre hay algo de lo que nos tenemos que reponer. El peor de todos estos, en tiempos de guerras biológicas, es la economía. Rebosantes de desarrollo tecnológico, y en plena era de la automatización, nos hemos llevado la mejor de las moralejas: el crecimiento económico de los países en vía de desarrollo, y los desarrollados, aún es dictaminado por la mano de obra y la circulación de almas ávidas de consumo.  

Con la excepción de Venezuela, Nicaragua y otros cuantos países socialistas, América Latina tiene una de las clases medias más fuertes del mundo, precursora de la prosperidad y base de una economía de libre mercado. La clase media es un catalizador, fuente de ingreso para los pobres, y esperanza para quienes se libran de la pobreza que los condena y se superan. México, Panamá, Colombia, Brasil y Chile tienen las clases medias más prósperas de la región, y es en estas economías que deberemos apoyarnos de cara al futuro.

La primera de las medidas será el incremento la deuda pública, la cual involucra la deuda externa, los bonos soberanos, y las obligaciones financieras con instituciones multilaterales. Si no tuviéramos los índices de corrupción más altos del mundo, tal vez alcanzaría el dinero; pero es tan solo una utopía y la inyección de capital por parte del estado mediante el endeudamiento es indispensable. El incremento en el gasto público supondrá un incremento en la tasa de los contribuyentes y, a largo plazo, una aceleración en la inflación. Sin embargo, es una inyección que se debe hacer hábilmente para reducir este riesgo, anticipándose con una producción moderada de moneda local. Muchos verán esto como algo miserable, pero la única manera de ejercer una inyección económica sostenible, es hacerlo a través de las entidades bancarias. Girarles el dinero a los ricos es miserable de percepción, pero no de fondo. Así está diseñado el sistema que ha sostenido la vía de desarrollo. Se regularán los intereses y habrá suficiente liquidez para mantener la economía a flote.

Tomado de: Eltelegrafo.com

La segunda de las medidas será asistir a las grandes empresas, sobre todo aquellas que son de relevancia para el empleo y la seguridad nacional. Otra medida que muchos han criticado, pero que es indispensable para salvar la economía. No debemos desconocer que las pequeñas y medianas empresas también son dignas de auxilio estatal, pero no son la prioridad. Los auxilios deben ir a aquellas compañías generadoras de empleo en masa, así los gobiernos evitarán más dolores de cabeza de los que ya tienen. Es difícil de comprender para quienes se oponen a la economía de libre mercado, pero el mejor ejemplo de esto se discutió hace algunos días en Colombia, con la aerolínea Avianca. Ayudar a los ricos para favorecer a los pobres es la solución. Aunque Avianca Holdings no es la compañía colombiana que alguna vez fue, sí genera más de 15.000 empleos sólo en Colombia. Adicionalmente, es una de las compañías de aviación más grandes de la región  y representa un tema de seguridad nacional en cuanto a logística de transporte. Si replicamos este modelo de auxilio prioritario a las grandes empresas en los diferentes países del continente, evitaríamos los despidos masivos y el incremento en las tasas de desempleo. Esta teoría, en cierta medida, asegura que al regresar a las calles empleados también sostendremos la economía informal que toma lugar ahí. Por ejemplo, desde vendedores de maní y aguacates, hasta las panaderías y “corrientazos” de los centros empresariales,  precisan del tráfico de peatones.

Tomado de: es.aloteia.org

El último de los temas a tratar es la caridad del espíritu santo, imposible que no sea una medida necesaria tanto del gobierno como de los ciudadanos. Especialmente aquellos de clase media y alta que predicamos nuestros afectos espirituales pretendiendo la santificación. Esta es una oportunidad de redención que no podemos perder. No se trata del poderío económico ni la limosna de semáforo, tiene una connotación social más profunda, un compartir. En palabras del pontífice Papa Francisco “se le puede echar más agua a los frijoles”. Esto no hace parte de un discurso filantrópico ni carismático, sino de la realidad de un sistema económico que, entre otras, fue diseñado para abrir camino a la caridad. Justamente porque muchos no vivimos en comunismo ni socialismo, es que podemos apelar al buen corazón de la generación de riqueza. Nunca estará mal acumular riqueza siempre y cuando sea utilizada en nombre del bien. Por riqueza, no se trata de compartir solo el dinero, sino la comida y la esperanza de apaciguamiento con los más necesitados. Mantener un estilo de vida entre las más altas esferas de la sociedad en sí mismo es difícil: deudas, apariencias, lujos. Pero ni siquiera poder tener un estilo de vida, cualquiera que sea, austero o no, es miserable. Esto, en su mayoría, ocurre en las economías en las que el gobierno controla hasta las válvulas de oxígeno en los parques. Las economías prósperas de América Latina también promueven la caridad.  

Tomado de: aden.org

Tenemos tres características, entre muchas otras, indispensables para la reactivación de la economía. El endeudamiento público, ayudar a los ricos para ayudar a los pobres y la caridad. Puede ser que algunos de los conceptos descritos aquí no sean tan familiares y, para ponerlo en términos más coyunturales, si se joden los ricos nos jodemos todos. Más allá de los conceptos teóricos de recesión y reactivación, y de lo que el gobierno pueda hacer, tenemos que evitar creer que para recuperarnos del flagelo de la pandemia, debemos repartir dinero  entre los más necesitados. Ese modelo de reactivación solo sirve en los países comunistas y socialistas, si es que sirve. Volvamos al consumismo, dejemos que las fuentes económicas y de empleo se encarguen, de cualquier manera será mejor de lo que vivimos ahora. 

2 pensamientos

  1. Interesante planteamiento si el enfoque de la riqueza fuera social…el problema es la avaricia y la ambición del que amasa la riqueza y no la comparte…

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  2. Precisamente ese es el punto, que el propósito del dinero es el bien social; para eso fue creado. Pero la manipulación del mismo y la incorrecta distribución de la riqueza, que no es el planteamiento señalado por Smith, en su libro “Riqueza de las naciones” y en cada uno de sus postulados capitalistas, sino por el contrario la correcta distribución de la misma, es lo que ha hecho que el mundo se salga de las manos de quienes debemos poseerlo y somos todos, no sólo unos cuantos seres humanos. Aunque dígase y preténdase según la lógica, que son los líderes los que deben administrar para que haya orden, pero eso no significa que el mundo sea suyo. Por otro lado se encuentra Marx, quien no pretende atacar el capital, sólo criticarlo en favor de enseñar cómo utilizarlo en favor del bien social, tal como se puede observar una vez se lea con detenimiento y no usura, su libro “El capital”; ese es el fin del dinero y del consumo, no consumismo -en lo que refuto al autor- ya que este término hace más bien referencia al consumo desequilibrado, al igual que no es cierto que de cualquier manera será mejor de lo que estamos viviendo ahora, porque si las crisis nos invitan a algo, precisamente es a mejorar, no a estancarnos ni a mirar a atrás para regresar al mismo lugar. Parece muy optimista e ilusionista mi afirmación, ¡tal vez!, pero sí se puede y se debe hacer realidad y justo por la posición favorable y en ventaja económica en la que nos encontramos ante otros países latinoamericanos. ¡A luchar! ¡A luchar! ¡Eso sí!, cada uno a su manera, como pueda, como quiera, con los recursos que tenga. Sin embargo el autor tiene razón en gran parte y esa es la que él mismo acepte y comprenda, que seguramente lo hace muy bien y la que sobre todo, cada quien pueda entender y con la cual estar de acuerdo. Me parece un excelente artículo; me ha invitado a reflexionar y a opinar, todo aquel que haga esto, creo que lo es.

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