La cuarentena es eso que pasa mientras todos están haciendo algo productivo, menos tú.

Autora: Amarantha Chávez Quintero

Twitter: @Mochoquito
Instagram: @mochoquito.cats

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

¿Cuántas veces hemos sentido que “no damos una” al mismo tiempo que parece que todos tienen una vida perfecta? Más de una vez. En tiempos de coronavirus, esta sensación de “inutilidad” ha incrementado de manera catastrófica para nuestras aspiraciones e incluso, nuestra salud mental.

Imagina estar en cuarentena y ser, de por sí, adepto a las redes sociales. Desde que inició todo esto decidiste ser responsable y encerrarte, escarbas a diario tu montaña de pendientes sin saber cómo ni qué escoger para realizar primero. Te encuentras en una balanza entre el “qué hacer” y las tareas pendientes, con tu entorno social colapsado por este monstruo -del que parece no haber una sola buena noticia-.

Foto: EFE / José Pazos

Que si la cuarentena ya se alargó otro mes, que si retomamos actividades presenciales hasta pasado octubre. Piensas que ya no saben qué inventar para hacerte sentir peor, pero te contienes. Tienes prácticamente todo para poner tu cabeza únicamente en los pendientes de tu escuela, en el home office o en tu pequeño negocio. Pero tu estabilidad mental no sólo depende de tus buenas calificaciones o de qué tan buenos resultados se añadan a tu expediente laboral, también depende de esos momentos maravillosos que podías compartir con un grupo de más de cinco personas que no eran de tu familia. Todo eso ya se ve muy lejano, por eso, sólo a veces, eliges distraerte.

Además, hay que ahorrar para la pesada crisis que se avecina, en la que ya estábamos sumidos desde que inició el 2020, el año que lo prometía todo menos alejarnos de la convivencia diaria. Nos impusieron una “Sana Distancia”  que se convirtió en cerrar de tajo las principales fuentes de ingresos de cientos de familias con negocios locales y que, además, viven al día. “Poca madre no tienen, si no nos morimos de coronavirus, nos morimos de hambre”, comentan a diario tus padres y hasta tú te lo cuestionas. 

Hugo López-Gatell
Foto: Benjamín Flores / Proceso

Por si fuera poco, ahora parece que todos los artistas y figuras públicas del mundo se organizaron para hacerte sentir mal durante este encierro. Aplaudes esas grandes acciones tan loables como los “conciertos en casa”, la recaudación de fondos para los más afectados por la contingencia sanitaria, porque te entretienen o te dejan con la sensación de haber hecho la buena obra del día. Pero también envidias los hábitos que con tanto entusiasmo atiborran las redes sociales. Y en ellos también se incluyen varios de tus contactos.

Están los que hacen ejercicio como locos a las seis de la mañana mientras lo transmiten en vivo, los que están aprendiendo a tocar el instrumento sucio y olvidado que tenían en casa de sus padres, y te animan a hacer lo mismo; y los que con un simple tuit diciendo que terminaron de escombrar la bodega de su casa destruyen tu sentido de la productividad de la manera más simple que pudiste haber imaginado. Porque no haces nada cuando en realidad quieres hacer todo.

Tomado de Instagram y Tiktok

Esta positividad desvaloriza el esfuerzo diario que es necesario para comer, para levantarse incluso cuando todas las condiciones son adversas, pero también condena la inactividad en el hogar y, además, aplaude el ánimo sobrehumano -y sobreactuado- para mantenerse optimistas. Optimistas en una situación que no genera para nada esas ganas de seguir encerrada haciendo “algo productivo”, escuchando un “Cielito Lindo” más desafinado que el que te obligaron a cantar en la primaria, pensando que de esta saldremos sin pasar hambre un solo día. Ojalá fuésemos Europa.

Porque parece que ese “quédate en casa” es exclusivo para quienes tienen un sueldo seguro, tal vez con cierta reducción pero con todas las prestaciones de ley, y para quienes fueron previsores y alcanzaron a ahorrar algo “por si acaso”. 

Pero no es así. Para muchos, ese “quédate en casa” significa no poder quedarte en ella aún con toda esta maldita situación. Tienes que salir a chingarle, porque sino, no comes. Optimizar, hacer que todo rinda, maldecir al gobierno, maldecir a los chinos, creer que todo esto es una mentira para controlarnos, esperar instrucciones más estrictas, por fin quedarse en casa y salir sólo por lo necesario, leer fake news, descartarlas con la persona con más estudios que conozcas y tranquilizarte, intentar mantener a flote el negocio de la tiendita de la esquina, aunque te dejen todo ‘fiado’ y sacrificar días de venta ambulante con la esperanza cotidiana de un mensaje alentador.

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