Caída y elevación imaginaria

Autora: Isabel Cortés

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

“Somos el eslabón entre la naturaleza y los dioses
…somos el más fuerte de los eslabones de la tierra y el aire: somos dos materias en un solo acto”
Gaston Bachelard

Admirado por la obra de Nietzsche, Bachelard entraría a cuestionar el ambiente apacible donde se gestaron algunos de los versos que expresaron el instante consagrado al supremo bien. Bachelard encontraría entre los poetas que anhelaron aspirar y reproducir este hálito, a Shelley, a quien juzga por adoptar una actitud moralizadora y estática, de este modo suprime el movimiento al elemento que instala la conexión del fluido sentimiento a las imágenes. Es así como Shelley encontrará expresar el sentimiento de altura y elevación, en imágenes relacionadas a la dulzura, música y luz, sin arriesgarse a descubrir otras posibilidades.

Bachelard diría que la gracia del poeta está en atender la imaginación desde el atrevimiento para deformar las imágenes, de tal modo romper con el hábito, ejemplo de ello es Nietzsche, que encontraría en el abismo, el reto a su imaginación. Así, Nietzsche Invierte el orden de la profundidad del mar a la profundidad del cielo en unos versos que se atreven a transformar el peso a su valor contrario, al punto de volverlo liviano, aéreo.

Gastón Bachelard
Tomado de: franceculture.fr
 Todo lo que antaño me parecía pesado
Se ha sumergido en el abismo azulado del olvido

A este movimiento de imágenes es a lo que realmente corresponde la definición de imaginación. La naturaleza expresiva, infinitamente constante del lenguaje nos remite a la acción, a concebir desde el verbo, “imaginar”, la imaginación.

Este imaginar la imaginación responde a los movimientos de subida y caída, inscritos en el hombre desde sus orígenes. El miedo constante a caer era, para el hombre primitivo, una amenaza constante que no escapaba al sueño. Este “imaginar la caída” afectaba de tal manera su “realidad”, que en sus inicios se registra la vida del hombre en los árboles.  De este modo, para Bachelard, la imaginación de la caída es como una especie de enfermedad de la imaginación de la subida, una especie de nostalgia inexplicable por la altura. 

La “caída imaginaria”, término empleado por Bachelard, estaría expresada por el poeta en la proeza de provocar la sensación de vértigo, llegar al punto de conjugar lo que nos oprime y aterra, donde el aire que nos libera se transforma en aura pesada. Los adverbios y adjetivos cumplen una doble función; de carga, como lo es para la caída, y de elevación, ya que hay algo en nosotros que se eleva cuando una acción se profundiza, e inversamente alguna cosa se profundiza cuando se eleva.  

Tomado de: tvespanol.com

De acuerdo con lo anterior, respirar y volar son las acciones que implican el movimiento vertical del aire como elemento. Respirar, insuflar con un impulso desde abajo. Aspirar y suspirar, tal es el acto constante que mide en sensaciones reales el sentimiento del poeta. Luego, volar en la imaginación conforme al movimiento. La relación de estos dos verbos en la poesía de Nietzsche denota el impulso de fuerza en la elevación, conjuga el movimiento vertical en un impulso vital que afirma la vida, incluso en la caída, la fuerza le da el valor de permitirse retar las profundidades.

Por otro lado, no resulta ser un misterio que el instante poético provocado, halle relación con los rituales primitivos, en donde se induce la “caída” de los participantes para que estos, concluido el ritual, sientan el instante de elevación como ente sanador. Las palabras conjuradas, la música, y el sahumerio, actúan como adverbios y adjetivos al poeta, provocando el paisaje anímico para el inconsciente, que, siendo invadido por todos sus sentidos, se oprime y aterra. Ya en este estado confuso, se anhela la elevación. De este modo se asegura el movimiento vertical que desprende de su hábito, la vida y la imagen.

El inconsciente al igual que la imagen en vos del poeta o el chamán, se someten a un movimiento de caída y elevación expresado en el verso para el mismo poeta, y a través del rito para el chamán.  Es por medio del aire y su fluidez, que se comunica un sentimiento, una intención, accionadas solo por el movimiento, sinónimo de vida a través del aire. 

A partir de este análisis, Bachelard entendería que el carácter vital del poeta no solo está en expresar metáforas a partir de la imaginación, sino que estas tienen a su vez el reto de atravesar a profundidad el inconsciente, hasta hallar un acuerdo en palabras, símbolos y pensamientos. El movimiento que produce la poesía obliga a las palabras a adquirir un nuevo significado siempre en relación, este movimiento es el recurso que el poeta utiliza como imagen literaria. La imagen literaria como emergencia de la imaginación, ya que el lenguaje crea su propio universo. Una imagen literaria es un sentido en estado naciente, pone las palabras en movimiento, las devuelve a su función de imaginación. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo, tal es la doble función de la imagen literaria.

El poeta entiende este movimiento vital como un accionar poético, en donde logra eficazmente relacionar el sentimiento producto de la imaginación dinámica, o imagen en movimiento, para luego transmutarlo a la imaginación material. Como lo diría Gaston Bachelard, está en el poeta entender que el clima imaginario es más determinante que el real, así: “La imaginación, más que la razón, es la fuerza de unidad del alma humana”.

El chamán, al igual que el poeta, se involucra en el movimiento mismo de la imaginación dinámica para lograr una transformación de la energía vital, donde el aire puro es consciencia del instante libre. Nietzsche particularmente se involucra en el movimiento mismo que le propone la imaginación de sus emociones, se apropia del instante y del paisaje en las altas montañas. Es por el movimiento que le propone tal interacción en ambos espacios, lo que le lleva a considerarse así mismo aéreo. 

Al final, el estado elevado del alma no es para Nietzsche una simple metáfora que incluye palabras y verbos relacionados, dice Bachelard. “Nietzsche invoca un tiempo, un continuo ir y venir entre lo alto y lo bajo, en donde se devuelve la palabra a su origen”. Entendiendo que, en este proceso, sus componentes nos remiten siempre a dudar de la realidad, de la forma y su resultado. Nietzsche como poeta aéreo y el chamán, se ven retados a encontrar la belleza en la profundidad. La imagen y la consciencia deben ser remitidas a su propósito de “libertad” para lograr el instante de felicidad, de tal manera imaginar, visionar, el supremo bien.

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