Revista Semana: exiliada de la vida de muchos colombianos

Autor: Sebastián Narváez Medina

Twitter: @Snarvaez_
Instagram: @Snarvaez__

*Las opiniones presentadas son exclusivamente del autor y no definen la línea editorial del portal

El hábito es una característica, contraproducente o no, natural del ser humano. Desde que tengo conciencia política y hasta hace pocos meses tenía el hábito de leer Revista Semana, vivía embelesado con las editoriales y los golpes de opinión tan severos pero objetivos. Admiraba desde las portadas hasta la fragancia de su imprenta, era una droga política, emblemática del periodismo colombiano. La más célebre de las portadas aún reposa en mi memoria, el rescate perfecto de la Operación Jaque en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez; una efigie del empíreo de la institucionalidad, el Ejército de Colombia. No obstante, especulo que el Ministro de Defensa de la época tenía la línea editorial bajo control. El prestigio que ha sido hilado por décadas hoy se rompe desde dentro y, con él, se acaba ese hábito convertido en vicio, al igual que el de muchos lectores que han huido de las necedades de Revista Semana y sus verdugos. Acabaron con esta casa de opinión, se la regalaron a la oposición y se perdió la perspectiva: una promesa de objetividad incumplida.

 ¿Falta de profesionalismo? No me atrevo a juzgarlo, pero los hechos destapan el deseo incesante de lastimar al atestar sus líneas con juicios aligerados, a diario favoreciendo a la centroizquierda. Concluyo que lo que fue un gran proyecto de periodismo hoy se ha unido a un esfuerzo colectivo por acabar con el buen nombre de quienes han batallado desde la legalidad. Todavía están a tiempo de redención y emancipación. Sin desacreditar el sentir de quienes piensan diferente, un medio de comunicación en el que la mayoría de sus periodistas leen y escriben bajo el mismo criterio antagónico es carente de cumplir con su cometido, ser líder de opinión. Me avala la experiencia de tener que discrepar de quienes publican sus escritos junto a los míos en este espacio, sin embargo, estoy seguro de que sus juicios no se subastan como una pintura de Van Gogh. 

Tomado de: elcolombiano.com

Omitamos la parte en la que enlazamos la última década de línea editorial a la dinastía Santos. Está más que reiterado y habla por sí solo. Descorchemos el champagne de la verdad, una pasarela de backhands con algunos ilustres: María Jimena Duzán, Vicky Dávila, Alfonso Cuellar y los salientes “Los dos Danieles”. Esto por hablar del presente y sin mencionar los muchos otros backhands que han gozado de escribir con la izquierda y patear con la derecha a lo largo de estos años en Revista Semana. Faltante de elementos de juicio, hesito profundamente de no referir a Salud Hernández Mora y Juan Ricardo Ortega en esa camada, en cualquier caso, sólo hesito. Hay que sufrir de ablepsia para que estos cinco nombres no justifiquen el palpar de quienes éramos agonizantes lectores. Algunos columnistas los identifico como socialistas silenciosos, pero en general abogados de la impunidad del proceso de paz y determinados a que Colombia acabe como Venezuela. Ellos mismos, tóxicos precursores de culpar al gobierno de lo malo y lo perverso, hinchando exorbitantemente cualquier doblez de trámite natural de un mandato. 

Con palas de hipérboles infundadas, han cavado su propio hoyo macondiano y anticipo que, si los Gilinsky se atolondran, no habrá mesías que los redima ante la opinión pública. Pensemos en el escándalo del hacker en la campaña por las presidenciales del 2014, los poemas de odio hacia el Uribismo o el coronel Plazas Vega y las ganas de aniquilar la imagen de las fuerzas armadas. Todas historias sin esclarecer, esclarecidas a medias o  esclarecidas en contra de Semana, carentes de una disculpa a la opinión pública. Es menester ser crítico pero propositivo; por esto propongo cambios drásticos en Revista Semana para que vuelva a ser insignia de la Colombia democrática y no patrocinadora del desdén y el populismo. Nadie se opone a que haya antagonismos de lado y lado, pero les pesa más el caudillismo que la objetividad. Atesoro la probabilidad de que Alberto Lleras Camargo, legítimo fundador de Semana, hubiese hecho de esta revista algo desemejante en el 2020. 

Tomado de: semana.com

Hubo dos puntos trascendentales por  los cuales urgí exiliar a Revista Semana de mi vida. En el 2019 se realizó una edición especial sobre los líderes sociales en las comunidades más apartadas de Colombia. Un asunto abrasador en medio de una ola de asesinatos. Después de leer la edición de principio a fin, la conclusión editorial culpaba a un gobierno que todavía  no se acababa de ensamblar. Lo que debían ser 100 páginas de homenaje a las víctimas, terminó siendo una masacre a las políticas de un gobierno que sólo procuraba apagar los incendios de las FARC. Un ataque a la democracia y un espaldarazo a la impunidad de los vándalos que siguen haciendo de las suyas en todas las zonas rurales. Utilizaron relatos maquillados con vocablo denuedo para desprestigiar al estado y no a quienes aún pretenden tomárselo por las vías de hecho, la guerrilla. Meses después tuve la posibilidad de seguir de cerca el Foro Colombia 2020. Ante la imposibilidad de que el número de sus lectores ascienda, especulo también que las cifras verdes vienen de este tipo de eventos. Sería un embuste decir que no fue un buen panel, sin embargo, quedó en evidencia que quienes exponían por parte del gobierno de Iván Duque pasaban al paredón. Quienes eran de oposición los cubría el manto sagrado de la inmunidad. Ahíto de estas y algunas otras circunstancias, fue así como Revista Semana perdió un lector más.

Tomado de: pulzo.com

Me opongo con categoría a continuar siendo lector de una revista que se consume a sí misma. Propongo sin reparo que Vicky Dávila sea la primera en presentar su carta de renuncia y se una al clan de “Los Danieles”. Gritos, malas palabras, pero sobretodo sus nexos con la mermelada política del gobierno Santos, le han oprimido toda ecuanimidad, y a mi, la admiración que sentía por quien era periodista aun cuando pensáramos diferente. Empero ese es el efecto poder en los seres humanos, pierden toda rigurosidad al no entender que son figuras públicas porque así la multitud lo decidió y no porque vienen de un mundo celestial. Gilinsky, no permita que Revista Semana se convierta en el Roy Barreras del periodismo, sirviendo al mejor amo. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero nunca es tarde para redimirse y ser leal a sus principios democráticos. ¿Seré la voz de muchos? Difícil creer que no. Aguardo con optimismo que recuperen su ecuanimidad y sensatez, para que el vicio retoñe nuevamente como hábito y resucite un lector más de Revista Semana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s