¿Héroes o mártires?

Autor: David Bernardo Castro Pierce

Twitter: @MrBernardPierce
Instagram: @bernardo_pierce
Facebook: David Bernardo Castro Pierce

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

La vocación se define como la inclinación natural que se tiene para desempeñar una actividad en específico, y en el ámbito de la medicina esto forma una parte más que esencial.

Jornadas titánicas, exposición a peligros y conocimientos almacenados durante muchos años para dar las respuestas que ayuden o, como mínimo, no dañen. Y ahora, después de haber sido minimizada por años, surge nuevamente la pregunta: ¿Por vocación he de morir?

Tomada de: eldictamen.mx

La situación del sector salud en México es un asunto lamentable. Su estructura depende fundamentalmente de una fuerza laboral compuesta por estudiantes de ciencias de la salud que pasan por horarios laborales inhumanos, con guardias de 36 horas cada tercer o cuarto día aparte de su servicio diario, además de que muchos de ellos pasan por constantes ataques a su integridad moral, con una minimización de su valor personal de manera general.

Esta situación se ha visto normalizada por décadas, ha sido romantizada y dispersada por títulos heroicos en el mejor de los casos, mientras que en otros solamente se rebaja a un sentimiento de resignación por “amor al arte”.

Ahora, durante esta crisis y con la falta de equipo de protección para este grupo (algo que ya es una situación común desde mucho antes), se les pide que se apeguen a su vocación, brindando sus servicios en condiciones aún más deplorables, con menos insumos y sin la mínima seguridad que se requiere, eso sin mencionar los múltiples casos donde la misma población atenta contra la integridad de los trabajadores de la salud.

No, esto no es vocación. Es el producto de un gremio que premia el desprecio por la vida propia a costa del servicio a los demás. Es la deshumanización de una profesión, la reducción del valor humano de quienes se abalanzan con gusto hacia el peligro y aceptan el costo sin titubear. Y por su condición de estudiantes, no cuentan con todas las garantías y protecciones como el resto del hospital. Están solos, sin voz y carecen de la opción de negarse sin el riesgo de complicar la obtención de su título después de tanto sacrificio.

Tomado de: sinembargo.mx

Ya ha sido demasiado. 

Se deben establecer las verdaderas prioridades del sector salud, porque un personal ya insuficiente, aunado a  las pésimas condiciones, se traduce en una atención precaria a la población.

No son héroes, son mártires en una crisis que nadie esperaba. Ellos se entregan y caen día con día. Y si no podemos acompañarlos, nuestro deber es protegerlos. Por el bien de ellos. Por el bien de todos.

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