Nos robaron, pero no crearemos un grupo criminal

Autor: Aldumar Forero Orjuela

Twitter: @AldumarForero1

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Corría el 2014, era junio, cuyo mes se caracteriza por ser uno de los más fríos de todo el año. Los ciudadanos colombianos salían a sus trabajos o a la calle a realizar cualquier diligencia bien abrigados, sabían que pescar un frío en esa época sería muy negativo para su salud. 

Pero el verdadero escenario que importaba durante esa época era la elección presidencial. Una elección que venía transcurriendo de manera convulsionada, varias circunstancias habían pasado en el gobierno que terminaba, y que buscaba la reelección, que causaba un gran rubor en el pueblo colombiano.

La Registraduría del país, aquella institución que se encarga entre otras cosas de, organizar la fiesta electoral y contar los votos cuando finaliza la elección, había dado una declaración en televisión el día anterior al sufragio donde denunciaba que habían encontrado algunas interferencias electrónicas en el instrumento  de conteo de votos y que esto podría inclinar la balanza de un lado o del otro. 

El candidato Zapata le pidió al presidente-candidato que se hiciera cargo del tema antes de que empezara la jornada electoral el día siguiente a las ocho de la mañana. Lo curioso, pero no extraño, es que el presidente Santo Domingo  no hizo nada.

Llegó el día de la elección, domingo 15 de junio; muchos madrugaron, otros se quedaron hasta medio día en sus casas y salieron después a votar, y  un número considerable de personas se abstuvieron de ir a votar. Hacia las nueve de la mañana los candidatos sostuvieron una reunión de desayuno donde acordaron que cualquiera que ganara la presidencia lo iba a respetar y lo aceptaría inmediatamente. Los dos asintieron con sus cabezas.

-Doctor Zapata, por favor tome asiento – dijo el candidato-presidente Santo Domingo.

-Muchas gracias presidente, un verdadero gusto acompañarlo en este desayuno, que además es de trabajo – contestó el doctor Zapata.

Ambos candidatos, muy bien vestidos se sentaron en las sillas de la mesa y empezaron a conversar de sus familias, de sus últimos viajes, de sus asesores de campaña, de sus grandes tropiezos a lo largo de ella entre otras cosas.

-Presidente –dijo Zapata– le he aceptado esta invitación a usted porque es en medio de las diferencias donde debemos mantener el respeto y la cordialidad. Sé que no compartimos todas las ideas y que en los últimos años su gobierno se distanció de nosotros y no entiendo por qué, éramos sus copartidarios y hoy estamos mucho muy alejados.

Los dos soltaron una carcajada. Zapata se rió por respeto a no quedar como un grosero y como una persona sin sentido del humor, mientras que el presidente Santo Domingo lo hacía porque sabía muy bien que lo que estaba diciendo su contrincante electoral era totalmente cierto, pero no se iba a pegar un tiro en el pie. En realidad, a Santo Domingo le valía un soberano cacahuate lo que opinara Zapata, pues sus comentarios no trascenderían en las elecciones. 

-Bueno presidente, le tengo que decir algo muy importante – dijo Zapata. 

Santo Domingo saltó de su asiento asombrado, pensó que Zapata le iba a decir que iba a haber trampa en los resultados de las elecciones, no se equivocó.

-Adelante doctor Zapata –dijo el presidente– no te reserves tus dudas conmigo.

-Señor presidente –contestó Zapata– tengo una duda, ayer el registrador de la nación dijo en televisión nacional que había problemas en el sistema de conteo de votos y le encargó a usted señor presidente que se hiciera cargo del tema. Puedo saber qué hizo al respeto.

-Me extraña mucho que digas eso apreciado amigo –dijo el presidente–. Recordándole que él tenía todo controlado y que ese inconveniente (no lo llama problema, como es en realidad) estaba solucionado y que las elecciones habían comenzado con todo bajo control. 

-Eso me alegra presidente, replicó Zapata, no queremos que nuestra democracia se vea manchada por un  fraude, ¿no lo cree presidente?

El señor candidato-presidente lo miró fijamente, como si estuviera “ido de la mente”  y su cara expresó una sonrisa sarcástica. – No te preocupes Zapata, sabes que soy un demócrata y nunca haría eso – le contestó. 

Por fin llegó la “hora cero”, la hora en que cerraban las urnas, eran las cuatro en punto de la tarde de ese domingo, todo estaba dicho. Tanto Zapata como Santo Domingo esperaban con ansiedad los resultados de las elecciones en sus respectivas casas; por un lado Zapata estaba con su familia, solo y nada más que con su esposa y sus tres hijos menores de edad; por otro lado Santo Domingo que esperaba en la sala de Consejo de Ministros del Palacio Presidencial junto con su esposa, sus dos hijos y su gabinete ministerial los resultados.

-Ojalá sirva el mecanismo que pusimos en la Registraduría por si en el conteo preliminar vamos perdiendo – le dijo Santo Domingo a sus ministros y a sus colaboradores-, su familia ya se había retirado de la sala.

Fue muy profunda la sorpresa y la rabia del presidente-candidato cuando al quinceavo boletín de resultados con un 25% del total escrutado su oponente le iba ganando por siete por ciento. Al mismo tiempo en que se conoció ese boletín su ministro de Defensa le dijo que era la hora de intervenir la Registraduría: “Presidente, no es el momento de titubear, debemos actuar de una vez, de la orden para que los hackers intervengan el sistema de conteo electoral”.

Ministra Zoe – le grita Santo Domingo a su ministra de las TIC.- Dé la instrucción a sus funcionarios en la Registraduría para que empiecen a fabricar votos y que se pongan para mí, es urgente.

Mientras la ministra por teléfono cumplía la orden dada por el “señor presidente”, Santo Domingo se tomaba una taza de café, por cierto, ya se había tomado en el intervalo de quince minutos, más o menos veinte cafés seguidos, estaba muy desesperado. La situación lo ameritaba.

Por fin la Registraduría daba por terminado el conteo de votos por el momento preliminar, el nuevo presidente del país era José Manuel Santo Domingo con una votación de  7.816.987 frente a la votación de Oscar Zapata de 6.905.001, una diferencia porcentual de tan solo el 11%. El candidato-presidente no ganó abrumadoramente y en las encuestas, en todas, siempre estaba por debajo del candidato Oscar Zapata. 

Como habían acordado en la mañana, el doctor Zapata salió de su casa junto con su familia a la sede de campaña, donde lo esperaban TODOS sus colaboradores y algunos seguidores. En el ambiente no había  llanto ni gritos de insulto para el otro candidato, sólo esperaban la llegada de su lider, eso era lo que importaba.

Óscar llegó a la sede y entre aplausos y “¡vivas!” tomó el micrófono para aceptar la derrota, aún sabiendo que hubo fraude electoral, es decir, sabiendo que el candidato-presidente se robó las elecciones.

-Me siento muy contento por haber participado en esta contienda electoral,  dijo Zapata. Me siento también muy orgulloso de quienes confiaron en mis propuestas y en mi programa. No fue una campaña del todo fácil, hubo inconvenientes, tropiezos y atentados, gracias a Dios y el apoyo de ustedes salí ileso de todo ello. El auditorio aplaudió por dos minutos al unísono.

Óscar siguió con su discurso. -No me siento un perdedor el día de hoy, me sentiría un perdedor si a lo largo de la campaña hubiera utilizado artimañas y marullas para poder ganar, nunca lo necesite– prosiguió Zapata un poco más enérgico – Quien gana una elección, cualquiera que sea, a través de trampas, lo único que puede hacer es hacer trampa en todo su gobierno. Quiero decirles a todos, hoy he perdido pero no como un ladrón, sino como un combatiente de la democracia que cayó en combate fruto de una emboscada cobarde.

Las personas que estaban en el auditorio quedaron en silencio, no entendían bien que era lo que decía su candidato. Muchos murmuraban “se robaron las elecciones, se robaron las elecciones, debemos cobrar con sangre este crimen”.  Mientras tanto Zapata proseguía con su relato.

Hay información que nos dicen que hubo manos oscuras que hurgaron en el aparto de conteo de votos para favorecer al candidato-presidente. Ahora mismo no tenemos todas las pruebas, pero si información concluyente de personas que vinieron al país como observadores internacionales. Algún día se sabrá todo. 

Sus seguidores gritaban a todo pulmón: “nos robaron, nos robaron, nos vengaremos y sangre correrá en este país por lo que han hecho”.

Dicho lo anterior –siguió Zapata– aunque hay dudas sobre esta elección, reconozco por ahora que José Manuel Santo Domingo ha ganado la elección presidencial.

Nadie dijo nada, pero seguían las murmuraciones de que se debía cobrar venganza.

Zapata, tenía muy buen oído y alcanzó a escuchar lo que conversaban los asistentes y de nuevo tomó el micrófono y dijo:

-Amigos míos, solo las autoridades judiciales y la fuerza de la ley son los indicados de resolver esta duda que tenemos. No vamos y les prohíbo que tomen la justicia por su cuenta, nosotros somos demócratas y respetamos la República. Zapata se quedó por un instante en silencio y después con toda vehemencia dijo:

Nos robaron, de eso no hay duda, pero no crearemos un grupo criminal –gritó el doctor Óscar Zapata al auditorio e inmediatamente se fue del recinto junto con su esposa e hijos.

La concurrencia se quedó en el salón y aplaudió a su líder caído en combate y por respeto a él y a sus ideas no crearon ningún grupo criminal. 

-Sólo Dios, la vida y la historia juzgarán a quienes con trampa acabaron con esta nación –le dijo a Óscar su amada esposa mientras se iban a dormir. 

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