¿La literatura y el arte están condenados a morir?

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

El huérfano y el desterrado” es una novela que publiqué en internet el año pasado; año en cuyo final se desató el virus que ahora es una pandemia. Hago la referencia porque la literatura (al igual que cualquier otra expresión artística) nace del alma y de la razón de ser de los humanos y debe propagarse como un virus.

Por: Manuel Orlando Torres Salgado, diseñador gráfico y pintor colombiano
WhatsApp: (+57) 3016866949

Sin embargo, reaccionamos a la literatura de una manera en la que no lo hacemos con la clase de pandemia en la que se ha convertido el arte hoy en día –sin animo de ofender– pues simplemente basta “observar” el tipo de música que se escucha a nivel general y los intereses como humanos que en el presente tenemos. “Sólo 2,9 libros consumidos en promedio por cada colombiano al año” (EL TIEMPO, 2018). La cifra anterior sirve para darnos cuenta de que no vamos en función a nuestra naturaleza racional, la cual busca preservar nuestra existencia como humanos y, por ende, protegernos del virus de la ignorancia, el cual siempre ha persistido sólo que tomando nuevas formas y una de ellas es el dato sobre la lectura citado anteriormente. 

Aún así, el arte no está condenado a morir como tampoco la humanidad, pues por mucho que nos ataquen pandemias como el coronavirus, desafíos históricos y la ignorancia en múltiples formas cada vez más progresivas, no pereceremos siempre que haya ideas de genialidad y belleza. Así como gracias a ellas existe la ciencia y esta nos permite salvar nuestra existencia física de cuanta enfermedad y epidemia haya, también es gracias a estas que se alimenta la mente y el espíritu humano, valiéndose de la ignorancia como medio para pulir, limpiar y lograr que no sólo sobreviva, sino que evolucione el humanismo; tal como es el fin último del arte en todas sus expresiones. Y aunque esto parezca responder la interrogante inicial, lo que en realidad debe hacer es ponernos a reflexionar sobre el desafío en el que nos encontramos y que claramente se ve representado por la alta probabilidad de que múltiples formas de arte mueran.

Por: Carlos Arturo Latorre Ordóñez, pintor y artista colombiano, 
WhatsApp: (+57) 3164277080

Entre todas estas hay una en particular que ha sido afectada de una manera muy brusca: la literatura. Debido a las exigencias del mercado, cuyo interés se ha centrado en el género narrativo, se ha desplazado en gran medida novelas o cuentos de diferentes tipos, sobre todo los que no sólo logran causar una emoción sino transmitir un mensaje de profunda reflexión. Sin embargo, es lo primero lo que siempre ha movido al mundo y es la tendencia actual en todas las dimensiones del engaño de la modernidad, que aunque siempre ha sido la recreación propia de la belleza del arte y, por ende, de la literatura como parte de sus representaciones, no debe ser sino un medio para el fin verdadero de un impacto social positivo. En la actualidad sólo se ve representada por un impacto visual y emocional propio de un marketing superficial, mas no del ideal; debiéndose recordar que el marketing está fundamentado en el arte, es uno en sí mismo, especialmente en sus pilares: “producto y promoción”. Es el arte del mercadeo. 

Continuando con el sesgo que se le ha aplicado a la literatura, se presenta el caso de editoriales que, aunque publican material didáctico, ignoran las nuevas propuestas editoriales de autores sobre el subgénero narrativo didáctico, que va más allá de fábulas y de estilos tradicionales, enfocándose algunas sólo en libros escolares y otras en universitarios (estas últimas como en el caso de Alpha y Omega) dándole cada vez más vida al que se ha llegado a considerar ya no más como un subgénero, sino como un género en sí mismo en el cual no hay narración alguna, sólo enciclopedias, ensayos, explicaciones, libros de estudios, investigación, tesis, etc. con lo que nos damos cuenta que hay sesgos, aunque también evolución, vida y renacimiento. De hecho escribir esta columna no es narrar (el cual es mi estilo favorito para argumentar) por lo que defiendo el subgénero narrativo didáctico, sino enseñar de todos modos; así que…¿la literatura muere?  

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