La luz al final del túnel

Autor: David Bernardo Castro Pierce

Twitter: @MrBernardPierce
Instagram: @bernardo_pierce
Facebook: David Bernardo Castro Pierce

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

El ser humano ha creado un paraíso de comodidades a su alrededor: refugios acogedores, control de la temperatura, entretenimiento a la carta en todas sus formas y una vista al mundo en la palma de la mano. Muchas de estas características siguen siendo privilegios que no están al alcance de todos, lo que marca y acentúa notoriamente la brecha social entre los estratos de la población. A pesar de ello, hay dos condiciones que colocan a gran parte de la sociedad en una situación de igualdad, un estado casi utópico de similitud entre las clases y son, curiosamente, de naturaleza filosófica a la par que literal: la luz y la muerte.

Tomado de: diariolalibertad.com

La dependencia del mundo civilizado hacia la energía eléctrica forma parte de sus principales debilidades y en tiempos de pandemia, donde el uso de la tecnología es parte elemental del día a día, se coloca en una prioridad imposible de prescindir por los privilegios que nos otorga. Pero, sin estos privilegios ¿Qué somos, sino indefensos mortales?

La diferencia de clases se dicta por la cantidad y el valor de los recursos que se disponen, pero limitando el uso que se le pueden dar a estos recursos (siendo el objeto principal las comodidades de la tecnología), gran parte de la población se queda en una situación más que similar. 

Velas, libros, abanicos, viejos oficios, anécdotas con antigüedad, conversaciones en la oscuridad. El regreso en el tiempo con cierto misticismo que provoca en muchos el sentimiento de nostalgia, añoro y tristeza por lo pasado, por lo sentido, por lo vivido. Una pausa a la fantasía distópica de las redes, un viaje momentáneo a nuestro delicado existir, un sorbo amargo de la realidad del mundo; permite denotar la fragilidad de nuestra modernidad, la absurda idea de superioridad ante otros, la ironía del clasismo en un país que desprecia la pobreza con más de la mitad de su población en una situación económica lamentable, un sufrir sordo entre pesadillas, un auténtico golpe de actualidad.

Tomado de: diariodemexico.com

Esta pandemia ha colocado a muchos en un estado improbable, en un peligro que no distingue entre clases, que nos convierte en semejantes desdichados por habitar cuerpos vulnerables ante lo desconocido y, sorpresivamente, prevalece un sentir familiar por compartir el mismo pesar. Nos vuelve unidos por nuestras propias debilidades, dejándonos en una simple y graciosa verdad:

Somos humanos por nuestra condición ante la muerte… al igual que nuestro temor a la oscuridad.

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