La libertad de expresión como responsabilidad social

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

La mayoría de las personas alguna vez hemos dicho que somos libres de pensar lo que queramos, que somos como somos y que por eso nadie nos tiene que fastidiar porque tenemos un derecho fundamental y es el de la libre expresión. Sin embargo, no nos ponemos a pensar en que más que un derecho es un deber, y por ende una responsabilidad, que al tratarse de expresión se refiere al fin de la comunicación; ¿pero esta se da? Vemos que no, sino que cada vez hay más revoluciones y manifestaciones de todas las clases en la sociedad, que en lo único que se asemejan es que  hacen que la humanidad se una en la violencia.

Manifestaciones que no solamente se representan en marchas, sino que son protestas que van desde la falta de respeto entre los miembros de un hogar, que es la base social, hasta el que hay en los medios de comunicación con comentarios y anuncios que no son nada positivos y que lo único bueno que nos aportan es la enseñanza de cómo debemos comportarnos en nuestro lenguaje, sabiendo aprovechar muy bien esa gran oportunidad que muchos tenemos de la libre expresión, dándole el uso correcto y sacándole el mejor provecho. Entonces ¿todos en el mundo la tienen? Sabemos que no. Basta ver no sólo el caso de Venezuela, o incluso un régimen político aún peor: Corea del Norte, como tantos otros en el mundo por causas no sólo políticas, sino también religiosas y económicas.

Tomado de: bing.com

De todos modos la libertad de expresión no es absoluta en ninguna parte por mucho que un país se declare democrático, nunca lo ha sido y tal vez nunca lo sea; siempre existe el atropello y la opresión en todos los campos jerárquicos. Y es justo por esto que las personas debemos unirnos y hacer valer nuestras opiniones, tendencias y múltiples expresiones, cada quien desde su ámbito y con los recursos o medios que tenga, se consideren pocos o muchos, (que en realidad a mi parecer nunca son pocos) porque si grande es la voluntad de vencer al intento de callarnos y reprimirnos, éste se queda pequeño y sobre todo ante la mayoría. Todos debemos utilizar nuestros recursos, ciertamente el más importante, nuestro intelecto y la asertividad que se desarrolle en el proceso, ¡todos!, ya que la responsabilidad no es sólo de los periodistas, todos como ciudadanos tenemos ese deber y por ello es una responsabilidad que no se debe quedar en falsas manifestaciones y revoluciones. No digo con esto que sea malo salir a protestar, malo creer que el buen uso de la libre expresión es sólo hacer bulla, destruir, hacerse sentir como el novio o la novia que para llamar la atención de su pareja le pone los cuernos, ¿es eso libre expresión? En el concepto social sí, mas no en el de responsabilidad social. Por esa falta de compromiso y ese mal uso que le damos a nuestra libre expresión es que tal como he expuesto, por dar un ejemplo, en vez de manifestarnos al gobierno pacíficamente lo hacemos de forma violenta, por lo que las marchas sociales se convierten en manchas sociales, algo que hay que evitar. Y es más que lógico que no por el bien al gobierno, sino por nuestra integridad, por nuestra vida. Y no porque darla por una buena causa no valga la pena o no sea motivo de honor ni de objeto de la mejor y más gloriosa libre expresión que puede tener cualquier ciudadano: dar la vida por su patria, sino porque justo esto no sirve de nada, genera más disturbios y confusión, y al fin y al cabo queda impune el sacrificio. No es que en mi caso sea antirrevolucionario ¡todo lo contrario! ¡lo soy! pero creo en una mejor manera de hacer las cosas y es la  revolución pacífica, la revolución mental, propia de la educación. A través de la cual el mundo no sólo aprende a expresarse libremente, sino a tomar profunda conciencia para beneficiarse a sí mismo. Todos los humanos tenemos los mismos derechos, ante todo el derecho a la libre expresión y si por algo hay que saber utilizarla es justamente por honor y respeto a la libertad en su derecho a la expresión ¡a la expresión de la libertad! 

Tomado de: 3.bp.blogspot.com

Muchos también dirán, ¿pero cómo no pelear por la educación si no nos la ofrecen?, ¿cómo educarnos para no pelear si no nos educan? Desde este planteamiento simplemente debemos irnos a lo que siempre nos han dicho los abuelos y mayores: “La educación viene del hogar”. La educación no es meramente un sistema formativo tradicional e institucional, lo cual es diferente; son los principios como bien sabemos todos y, si no nos expresamos con base en estos, ni teniendo el más alto de los rangos llegaremos a saber expresarnos como es correcto, ni a tener buenas relaciones sociales basadas en la asertividad y la inteligencia interpersonal; es decir no nos comunicaremos. Comunicación que no es información tras información, sino comprensión, el mundo está cada vez más lleno de lo primero y menos de lo segundo. ¡Sí…! ¡Libre expresión…! ¡Pienso lo que quiero!, ¡tengo el derecho!, ¡digo lo que quiero!, ¡leo y escucho lo que quiero…! –Dice todo mundo– pero según lo dicho ya lo dejo a su libre expresión. 

Diré como la imagen de portada y en calidad de escritor: soy libre de escribir cualquier cosa, mas no de imponerlo. Y tengo la responsabilidad de saber cómo lo evito, ya que el punto es que no se trata de pensar lo que se nos venga en gana, sino que se nos venga en gana pensar y no lo hacemos bien, pues no es tan fácil como parece; se trata de razonar y, como dijo Gandhi, hay que cuidar nuestros pensamientos más que nada, pues de ellos es que parte todo; desde nuestras mínimas expresiones, como son los gestos, hasta las mayores como son los hechos, pasando por las divinas o mortales palabras. Y ya para terminar, si en algo he sido atrevido o nada asertivo, no me defenderé diciendo: “Tengo derecho a la libre expresión”, sino que si la voy a utilizar que sea para resumir lo que se ha dicho aquí: “Que no es sólo responsabilidad social utilizarla, ¡todos lo hacemos!, ¡al menos los que podemos!, sino saberla utilizar, ¡pocos lo hacen!”. 

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