Del amor y otros demonios

Autor: David Bernardo Castro Pierce

Twitter: @MrBernardPierce
Instagram: @bernardo_pierce
Facebook: David Bernardo Castro Pierce

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

Oh, el amor; motor del existir, objeto de devoción de todo aquel que vive y que anhela con fulgor el desdén de sus sentidos y a sus latidos cual tambor. Aquello que se nos dice que no se palpa, no se busca, sino que nos encuentra y que, al hacerlo debemos ceder con locura, sin tardanza ni premura para disfrutar de las mieles que otorga ese preciado sentir, únicamente cuando se trata del amor de pareja. Vivimos una cultura completa de alabanza al amor romántico, al ensueño de la media naranja y el alma gemela, del capricho del destino que lleva intenciones ocultas, pero que nos convencen de que existen, siendo el sentido excepcional, sin un par, la piedra elemental de todos nuestros eventos, significativos o triviales, que nos llevan a encontrar a ese ser que estará con nosotros hasta el final de los días. Bien, pues esta vez he venido a plantear una pregunta más que indispensable: ¿Realmente es necesaria una pareja?

Tomado de: pinterest.com.mx

Para responder esto, nos haremos una pregunta más sencilla: ¿Qué nos da la pareja que no nos puede dar nadie más en el mundo? Y, descartando lo sexual o reproductivo, nos referimos a un estilo impersonal. Un ejercicio de pensamiento que exige ignorar las banalidades y enfocarse en lo más objetivo posible, una acción, una idea en concreto. Me hice la misma pregunta hace algunas noches; aquí responderé las más significativas junto a su antítesis.

1. Confianza: Se pueden tener amistades que alcancen un nivel de confianza puro sin recurrir a términos románticos, aunque no significa que todos así lo quieran o puedan dar por diversas situaciones lejos de nuestra incumbencia. 

2. Cariño: Desafortunadamente, aún existe el pensamiento de que solo se pueden dar y recibir muestras de afecto de una pareja sentimental, lo cual nos lleva a una creencia que ocasiona más dilemas que soluciones.

3. “Sentirte especial”: Si bien es cierto que el reconocimiento externo es necesario, también es indispensable una autoestima sana como base, además de que esta satisfacción puede venir de muchas otras partes. También incluye la exclusividad exigida en las relaciones para ciertas actividades, sean o no habituales en el resto de las parejas.

4. Compañía: El establecimiento de amistades tiene este fin, pero en cuestión de relaciones tiene una visión más oscura. El miedo a la soledad es, al igual que la falta de dignidad, un elemento recurrente que permite su perpetuidad y juntos resaltan la necesidad de una presencia constante, lo cual no es sana.

5. “Es mi vida”: Con referencia al hecho de ver a la pareja como la principal razón del existir, más allá de ser sólo un aliciente, anteponiendose a las metas y objetivos de vida del propio individuo. Dependencia emocional en todo su esplendor.

6. Futuro: La creación de planes se ha visto limitada a la pareja exclusivamente; no tiene porqué ser así. Remarcando el primer punto, resulta irónico pensar que exista más seguridad en una pareja que en una amistad debido a que con ninguna se tiene la plena certeza de una eterna lealtad, como si un título de pareja definiera su determinación a no fallar. Nada es seguro, en eso consiste la confianza.

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Tomado de: okdiario.com

Entonces, ¿es realmente necesaria la pareja? Mi respuesta es no. Y es algo que, considero, se debería tener presente antes de iniciar una relación. Idealmente hay que tener plena lucidez de que la pareja es una completa elección, no es un requisito para vivir ni una cláusula para existir; será necesaria para lo que uno quiera que sea necesaria, porque la persona así lo elige. Es necesario ir desterrando la idea de las medias naranjas e ir estableciendo que es la realidad de dos seres enteros que deciden estar juntos por mutua convicción.

 Este es un golpe bajo al amor romántico que juzga e idealiza, que otorga responsabilidades que corresponden a uno mismo, que quiere soportar el dolor con la ilusión del destino, que sufre donde no hay que sufrir, que acepta en lugar de mejorar, que justifica en lugar de cambiar. Y después de esto, quizás, luego de sentir, pensar y vivir, se puedan decir las palabras con determinación entre sí:

“No nos necesitamos, pero queremos estar aquí”. 

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