Aprender a vivir de nuevo

Autor: Mauricio Rusinque

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*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Estar en pandemia cada 100 años, como nos lo dice la historia, nos ha enseñado a replantearnos nuestra propia vida de nuevo, el proceso ha sido caótico si pensamos en que no estábamos acostumbrados a estar encerrados, sin trabajo y comunicándonos por videollamadas para sentirnos más cerca de nuestros seres queridos.  

Tomado de: informaver.com

La rutina de cada día se modificó al iniciar este flagelo, nos despertábamos tarde, comíamos solo dos veces al día con el fin de ahorrarnos un alimento, trabajábamos a la hora que se nos cruzara un computador, en el caso de los que teníamos trabajo, veíamos televisión y nos acostábamos tarde en la madrugada para repetir la rutina al otro día. 

Tomado de: paradummies.net

Los días pasaban y seguíamos en cuarentena, la evolución del ser en encierro empezaba a cambiarnos, empezamos a pensar en cumplir un horario, quitarnos la pijama que todo el tiempo teníamos puesto, salir de esa zona de confort a la que el destino nos había obligado a vivir, hacer videos, volvernos especialistas del TikTok, bailando, cantando, haciendo bromas, buscar ser el mejor instagramer o youtuber para tratar de conseguir una entrada extra. 

El tiempo también nos enseñaría que no es tan fácil estar en las redes y que tu video sea popular, tus seguidores siempre serán tu mamá, tu tía, tu hermana o tus hermanos, que ven tus videos con una felicidad de sentir que aún vives, la cuestión de ganar queda en el olvido al ver que no se monetiza de forma óptima sin que la gente te ayude. 

Pasamos por momentos de aceptación, de negación, de creativos, de no querer saber de nada, momentos de apagar todo vínculo con lo que dicen las noticias, de pelear con los que están a favor del encierro, de seguir a aquellos que comunicaban desde sus casas que todo era una conspiración. 

Pasamos por momentos de ayudar al prójimo con mercados, con donaciones o con la publicación de sus emprendimientos en nuestras redes sociales, recorrimos cada una de las historias para llorar en la casa al ver cómo no eres tú el que más problemas tiene, viste cómo te publicaban tu negocio nuevo de venta de tapabocas para que el gobierno, después de que empezaras, dijera que si no eran termosellados, no podrías comercializarlos como los que nos trajeron la enfermedad, los chinos los traían a precio de huevo y te das cuenta de que deberías “reinventarte” de nuevo, de nuevo y de nuevo.  

Los días pasan y pasan, tu mente te juega varias malas pasadas al sentir que esto no va a acabar y que eres el único que está guardado en tu casa, posteriormente, sales a comprar el poco mercado que puedes con lo poco que queda en tus ahorros y ves que todo el mundo está afuera viviendo la vida normalmente, te confrontas y piensas que esto es un invento que hicieron para enriquecerse los mismos de siempre a costa de la pobreza de los mismos de siempre.

Tomado de: elheraldo.co

Vuelves a despertar. Cada día trae su afán. Quieres salir de esta burbuja e irte a la estación espacial a decirles a los rusos, que están allá, que esto se salió de control, que ellos son los que mejor están, con comida, con televisión, con cultivos de donde pueden sacar su comida y su trabajo, sobre todo trabajo para que sus familias en tierra vivan tranquilas.  

Después de casi tres meses en encierro, viendo solo tu cara en el espejo, de hablar contigo mismo por horas, decides ver noticias de nuevo, ves cómo la acción de un policía (al quitarle la vida a una persona), generó que casi lograran tomar la Casa Blanca, que el presidente de la potencia más grande se escondiera en un búnker debido a las personas que entraron a su jardín a pedir justicia, que las marchas por el mundo apoyan que ya no tengas color, aunque ves que tu país sigue igual.  

Los que se creen humanos de alto turmequé por aparecer en una pantalla chica, siguen pensando que son los únicos que deben existir y hacen comentarios alusivos a que esa persona no era un angelito; te pones a pensar que nadie debe juzgar a nadie, que si vas a hablar, piensa antes, que tu historia puede ser peor que la de aquel sin respiración y que no eres el mejor actor para comentar lo que sucedió.  

Sigues viendo tu entorno, lo que te habías negado a ver, te sorprendes que la verdad sale a luz por otros medios, que una aplicación, que era para que converses con tus amigos y con tus familiares, ahora se ejerce como noticiero independiente para que conozcas las cosas que para muchos eran secretas. 

La pandemia va desapareciendo y los hechos que van apareciendo disminuyen que haya por día miles y miles de muertes según el reality de la salud de las seis de la tarde de este platanal. 

Las muertes siguen creciendo, aprendemos a vivir con este virus, salimos a trabajar para no morir de hambre, algo sigue igual desde que empezó todo esto: que los únicos que pueden vivir tranquilos en sus casas son los que toman decisiones por nosotros. 

Cada día que salimos al asfalto a ganarnos nuestro sustento con un tapabocas de protección, de escudo, estamos aprendiendo a vivir de nuevo. Hoy, me reinvento de nuevo, salgo en mis redes a comercializar mi portacuchillos con libros viejos…

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