Prieta

Autora: Mariana Herrera López

Twitter: @MayaHLopezS
Blog: https://letrasysombras487678652.wordpress.com/

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

Creo que tenía 7 años cuando aprendí que el color de mi piel era un insulto. Era raro porque en mi casa siempre se me había dicho lo bonita que era y lo mucho que se me amaba, pero de repente, cuando comencé la primaria, me golpearon palabras con tono de desprecio como “india” o “prieta”; lo que más me llama la atención a esa edad era que aquellas que se jactaban de burlarse del tono de mi piel eran precisamente niñas que se parecían a mi o que eran levemente más “claras” que yo. Poco a poco me hice chiquita y acallé mi voz interior durante algunos años, me refugié en mis libros y acepte que, efectivamente, yo era menos bonita que mis amigas porque era morena. 

Traté de compensar todo eso con mi buen desempeño en la escuela y con mis calificaciones, sino iba a ser bonita por lo menos podía ser inteligente, sin embargo, siempre estaba la espinita. “¿Por qué no podía ser del color de piel de mi mamá, mi abuela o mis tías, que tenían ojos de color?”, “¿Por qué no podía aclararme la piel y así poder ser más feliz?”, “¿Por qué a mis supuestas amigas les gustaba bromear con el tono de mi piel y no se daban cuenta de lo que dolía?”


Pasaron muchos años, incluso me puedo atrever a decir que hasta que entre a la universidad, para abrazar esa parte de mí de la que no tenía por qué sentirme avergonzada o incluso llegar a odiarla. Aprendí que mi piel era y es parte de quién soy, mi cabello oscuro y negro, mis ojos como el café…todo ello es mi conexión con el pasado y con la persona que está aquí hoy.

La aceptación de mi persona y de aquello que me unía con mis raíces, vino acompañada de un abrir de ojos ante el racismo que vive y colea en México; fue la furia, la decepción y finalmente el anhelo los que me permitieron compartir mi historia, que a su vez es la historia de muchos en este país.


A veces me acuerdo de todo esto y me dan ganas de llorar, me dan ganas de abrazar a esa niña bonita a la que le hicieron creer que valía menos que las demás sólo por una cuestión de pigmentación, pero hoy estoy aquí, fuerte y orgullosa de la morenaza que se ha formado y crecido durante 20 años.

Hoy, me quedo con las palabras de Tenoch Huerta y las repito con orgullo “Nos enseñaron a sentir vergüenza de quién somos…y saben qué, se acabó. Estos indios, estos negros y estos mestizos, tenemos voz, tenemos corazón…” y no nos vamos a callar nunca más.

Un pensamiento

  1. Desgraciadamente la discriminación por el color de piel va más allá de pequeñas burlas o comentarios por bromas, hasta llegar al punto de brutales asesinatos y aunque es importante estar orgulloso de ser morenos, el problema no se va a erradicar en este siglo, ni en el siguiente…

    Holaa (sí creo estar segura de que eres tú) yo iba a tu taller de lectura; no pensé volverme a encontrar con tigo. Yo era quien nunca acabó de leer momo porque no me gustó.

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