¿Oposición o posición?

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

La posición ideológica que los partidos políticos tienen en cada país es una que opera bajo el sentido o el principio radical de la oposición de unos hacia otros –como todos bien hemos de saber– y es natural, ya que siempre que haya un argumento habrá uno contrario, mas esto no implica que se justifique la violencia a la que llevan las discusiones por dichos desacuerdos, los cuales no se limitan a las palabras ofensivas y nada asertivas o profesionales que los funcionarios políticos se lanzan entre sí e incluso a los golpes y enfrentamientos físicos que han llegado a presentarse entre senadores y demás parlamentarios. Algunos ejemplos que me permito recordar es el de Ucrania, con el caso de la búsqueda de emancipación de Crimea como estado independiente de Rusia y en un caso más reciente y nuestro, como latinoamericanos, que corresponde a lo sucedido el año pasado en México, referente a la toma de protesta de la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra; la cual se tornó altamente agresiva y en medio de empujones, puñetazos y demás, fueron agredidos varios senadores, entre ellos, el senador Gustavo Madero, quien acusó a 15 de sus compañeros de haberlo arrojado al suelo. 

Senadores se enfrentan a golpes ayer durante la toma de Rosario Piedra como presidenta de la CNDH (EFE)
Tomado de: yucatan.com.mx

Lo anterior para decir que en la mayoría de casos en vez de sostener nuestra posición a través de la oposición, cuyo fin es el que me imagino que esta posee o al menos es el que identifico que debe tener, lo que hacemos los seres humanos desde todos nuestros comportamientos y procesos psicosociales –gracias a nuestra mentalidad, ideología o lo que defina nuestra posición precisamente– es perder esta última a través del radicalismo y del fanatismo que también nos han sido inculcados por la sociedad con sus prejuicios, los cuales nos hacen perder la razón y el criterio propio en vista de que de forma espontánea y perspicaz, sin que nos demos cuenta, caemos en dicho error, yendo en contra de lo que en realidad pensamos, creemos y queremos. No hay peor oposición que la que nosotros, sin darnos cuenta, dirigimos hacia nuestra posición, partiendo de ella, mas pasando por el embudo o el tránsito del fanatismo y de ese radicalismo que define a la ignorancia y al odio de la humanidad, que como expliqué, parte de los prejuicios y llega a camuflarse como lobo rugiente bajo la tela suave de corderito bueno… “¡nadie es bueno! sólo Dios” –dijo hace un poco más de 2000 años un sabio filósofo. 

Y con lo de los prejuicios, no me refiero a que no hay que protestar ni tener oposiciones, porque estas son tan naturales como las contradicciones, sólo que -justo porque hay estas últimas- debe cuidarse el sentido (posición, coherencia) de esas oposiciones a través de los hechos y diversas manifestaciones, sobre todo cuando son en contra de la maldad y de la injusticia social que no sólo se ve reflejada en los políticos, simplemente en todos como seres humanos; y es esto lo que da tristeza: que el pueblo critica y no se da cuenta no tanto de qué es lo que está haciendo, sino de qué está dejando de hacer y es tener una oposición desde sus actos más sublimes, como son los valores familiares, hasta aquellos que amplían su compromiso social y es el hacer valer el respeto al derecho a la democracia, no vendiendo su voto, que es venderle el alma al diablo y regalarle la esperanza de un mejor país a mendigos de una “oposición” que se deja comprar con su maldad y regala su posición a cambio de falsas promesas que lo único que no compran ni intercambian es lo que “era” del pueblo… “suposición”. 

Ver las imágenes de origen
Tomado de: 1.bp.blogspot.com

Es tal el caso de corrupción y de lobos disfrazados de corderitos, que he tenido la experiencia de comentar un proyecto de Economía Naranja con un colega profesor y escritor, y al decirle que hablaremos sobre dicho modelo de economía ante la entidad estatal a la cual se lo presentaremos, me comentó “docentemente”, ¡ah!, ¡perdón!, “decentemente” –el sarcasmo no es hacia los docentes, sino a que como docente le debería dar vergüenza vender su posición– que si así decíamos no nos darían la subvención porque el gobernador es opuesto a Duque, el presidente, quien ha propuesto ese modelo. ¡Vaya!, hasta ahora, sé que el jefe de Estado inventó el modelo; ya existía y porque no se está cumpliendo es que hay que ejecutarlo, eso es lo que me hace un verdadero opositor, dado que lo soy, sólo que con ese enfoque diferencial, que indica lo opuesto a esos que por ir en contra de su oponente hacen lo que sea, incluso ir en contra del bien que propone bajo el argumento de que no lo cumple; la muestra es que ellos tampoco. 

https://lh5.googleusercontent.com/proxy/3l4F8AYUvIieWR2NwEoadaYdtwXqNQ8bWMyQ_EYYcxDv6pOmjefpODHxHPwDKjfrGqdLF19sau7yt9_T5JUvWqMPT2CKbQc72LGEiRjoZrL29YHn6cNgnvJ85sAcgz4=s0-d
Tomado de: cosas-que-pasan.com

No obstante, vemos que es el profesor quien, en su limitante, le da más poder a esos bandidos, a los que hay que preguntarles: ¿Oposición o posición? Aunque no sin antes preguntárnoslo a sí mismos, porque es más del pueblo, de las personas, de las familias, de los vínculos sociales, preferiblemente pequeños para que luego sea posible en los grandes: la elección, la decisión y el poder de transformación. No sé si es de “su-posición”, pero yo supongo que esa debe ser la posición que poseamos y no pensar como una vez me dijo un amigo: “Este país va cambiar cuando haya un buen presidente”. El país cambia cuando todos cambiamos; un buen político hace mucha diferencia, ¡por supuesto! y puede haberlo, ¡claro que sí!, uno que simplemente luche hasta más no poder en contra de la injusticia social, como a los que han intentado serlo y no han llegado al poder como en Colombia (Jorge Eliécer Gaitán, Galán), Luther King en EE.UU y Lincoln y John.F Kennedy, quienes lograron ser jefes de Estado por poco tiempo en dicho país, o uno que pase en prisión 27 años como Mandela; sin embargo, ello no nos hará un mejor país si no tenemos la más importante de las oposiciones, es decir, la posición que identifique nuestra libertad de ser –sin hacer daño– ese derecho a ser felices. Ello se llama autonomía, gobierno propio y nadie gobierna nuestra vida, sólo nosotros, sea por nosotros mismos o por medio de los que permitimos que lo hagan y con base en lo dicho en el segundo párrafo: “Nuestra peor oposición es hacia nuestra posición”; peor aún, hacia aquella que es el origen de cualquiera que tengamos y es la esencia de ser que nos identifica como humanos”. 

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