Panorama socioeconómico en el sistema educativo colombiano

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

En Colombia el panorama socio-económico está regido bajo un sistema totalitario de derecha, que valora más el capital financiero que el intelectual; lo cual representa una deshonra a la profesión docente y una propensión a la deshumanización del ser. En Finlandia (el país con el mejor sistema educativo del mundo) los docentes, profesores e instructores son los más remunerados bajo la filosofía de que son quienes forman a todos los profesionales, los cuales, por lógica, no pueden ganar más que aquellos a quienes les deben lo que aprendieron o el impulso de ese proceso formativo y gracias a cuyo desempeño ganan lo que ganan. 

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Tomado de: image.slidesharecdn.com

El enfoque educativo colombiano no es formar estudiantes para que sean seres pensantes, sino esclavos, aunque mas bien diría vasallos o máquinas, ¡lo mismo!, pero con diferente nombre de época en época y según cada quien lo quiera ver, ya que ha sido el proceso transitorio de la historia de la humanidad: esclavos desde siempre, vasallos o siervos en el feudalismo y máquinas desde la Revolución Industrial, además un poco de todo esto en la modernidad.

En Colombia prepondera un sistema feudal disfrazado bajo una jerarquía económica diferente y evidentemente capitalista –por lo que nombro a los vasallos y máquinas– en el que los más ricos son terratenientes y empresarios que no han necesitado estudiar para tener mejor calidad de vida que los “educados” y educadores y quienes lo han hecho, curiosamente ha sido en las mejores universidades del país y del extranjero, prefiriendo estas. Pero no sólo ellos las prefieren, además también los pobres, uniéndose ambas clases sociales en el producto de una cadena ideológica para la educación que nutre la brecha de desigualdad social y que consiste en que los pobres creen que para superarse deben estudiar siquiera en una institución pública, los de clase media que para tener más acceso a un buen cargo y status debe ser en una privada y los ricos en una del extranjero; no obstante, todos los anteriores en el exterior también.

Así se observa un gran problema o en realidad desafío: las clases sociales se unen en su aspiración a los sistemas educativos extranjeros, ante los cuales subestiman el nacional. Pero el mal no es que hayamos elegido dichos sistemas ni mucho menos que no lo hayamos hecho, mas bien que los que han optado por ellos, al regresar –si han viajado– o al culminar –si ha sido un curso virtual– no han transmitido lo mejor de su experiencia; incluyendo lastimosamente a muchos profesores. ¡Qué lástima!, ya que deben ser los maestros quienes más lo hagan, porque si algo aclarara más el panorama y nos acercara más a la solución, sería esto, consolándonos en la idea de que: ¡es maravilloso viajar y estudiar en el extranjero!, ¡cómo no!, sólo que ojalá que lo hicieran las personas idóneas y talentosas que importen lo mejor de esos países, como los pedagogos, enseñando un mejor sistema educativo y como cualquier profesional con el sentido de ética y responsabilidad social, no los corruptos.

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Tomado de: educacionmundialblog.wordpress.com

Creo que debería fortalecerse la inversión en los posgrados, permitiéndose un mayor acceso a los mismos, ya que es muy pequeña la cifra de graduados; por ejemplo, en el 2018 se graduaron 21,72% de los profesionales (Peña Osmar, 2019), además de que son carísimos los semestres. Hablo desde mi experiencia como magíster en formación en Cooperación Internacional, cuyo semestre está un poco más de los $8 000, 000.00 (precio mínimo en cualquier universidad y en la que yo estudio es “pública”), entre comillas porque en realidad es semiprivada, dice ser pública y se paga bastante; el cual es un punto a favor del camino a la privatización en la educación superior en el país. ¡Gracias al cielo que soy becario Coomeva!, que primero, es una Cooperativa y segundo, no otorga una beca completa. 

Dichos puntos no hablan bien del Estado, que se blinda en su máximo escudo: el Icetex; el cual es una opción cuya opinión me reservo en profundidad, sólo puedo decir que puede ser muchísimo mejor y el gobierno puede y debe brindar alternativas mucho mejores guiadas por expertos docentes y financieros, entre otros líderes idóneos que sí piensen en el bienestar del estudiantado y el futuro del país. Sin embargo, me causa chiste y particular atención en cuanto al significado de sus siglas y su enfoque en la educación exterior: Instituto Colombiano de Créditos y Estudios Técnicos en el Exterior. ¿Será que sólo ofrece créditos para estudios técnicos en el exterior o al tipo de educación que más le apuesta es a esta? ¡Por favor…! ¡Sabemos que no! Ese título está mal formulado así como su gestión en muchos asuntos, por ejemplo, el acceso a información a través de canales virtuales. Además de que si por algo es mi centro de crítica es por ser una institución estatal. Pero insisto, esto no es profundizar. Si por algo la menciono es para resumir el tema central al que apunto, el del cuarto parágrafo y en el cual debe intervenir el Icetex: ¡es maravilloso el exterior!, sólo que somos malos imitando el modelo global e importando lo mejor de la calidad educativa de los países con los mejores índices en educación; por ende, ante todo debemos enfocarnos en analizar nuestro propio sistema y reformularlo de adentro hacia afuera y no lo contrario, ¡ese es el cambio efectivo! 

https://www.compartirpalabramaestra.org/sites/default/files/styles/articulos/public/field/image/mas-de-27-mil-millones-para-la-educacion-en-el-caribe-colombiano.jpg?itok=oTmDfkGS
Tomado de: compartirpalabramaestra.org

En mi región, la costa caribe, bien se sabe que la educación no es tan buena como en el resto del país, sobre todo por otro problema que hay que traer al caso, el cual es la centralización de los recursos educativos, lo que incide en que los mejores resultados a nivel Icfes y académicos sean de estudiantes de Bogotá y del interior, en donde la mayor parte de los recursos se concentran y se invierten, por lo que no es como dicen los regionalistas: que la causa del mayor rendimiento académico es de “la mejor cultura” o de la “mayor inteligencia”. En cuanto a la cultura en ciertos asuntos, sí hay influencia de mejoría, esos rumores que seguro todos conocen (aunque sea nada más como rumores y otros como experiencia): “¡ese costeño es flojo!, porque me ha tocado estudiar y trabajar con él o porque lo dicen!”, ¡lo cual es peor!, ya que algo es lo experimentado y otro es lo dicho. Además en cuanto a la experiencia, tendrían todos aquellos con los que uno estudia o trabaja, tener el mismo comportamiento y créanme que, como costeño, les digo que no es así y si así fuera, la diferencia no sería grande respecto al resto de patriotas. 

Por ello, en la costa, al igual que en el pacífico, hay una pésima formación educativa, más por la corrupción que por la cultura y si es por esta, se debe en gran medida a que no se han educado las personas por causa de lo primero que resulta precisamente de toda la mala distribución de la riqueza y del presupuesto nacional, incluso de algo peor dentro de dicha corrupción: el delito de peculado, pues se ha demostrado que aquí a la costa en muchos casos sí han llegado los recursos suficientes para la educación y los gobernantes los toman a disposición para sus propios fines. 

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