Abortar también es un acto de amor

Autora: Mariana Herrera López

Twitter: @MayaHLopezS
Blog: https://letrasysombras487678652.wordpress.com/

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

*Los nombres en estos testimonios fueron cambiados para proteger la identidad de las entrevistadas.*

SEGUNDA PARTE

Clara, a diferencia de Ana, es una mujer reloj; eso quiere decir que su ciclo menstrual dura 28 días exactos. Por eso, cuando al día número 35 de su ciclo se dio cuenta que no presentaba sangrado, sabía casi con total certeza que estaba embarazada. 

Clara es estudiante de medicina, pero eso no evitó que sintiera un profundo miedo en su interior; no sabía qué hacer, se sentía atrapada, deprimida y le costaba reunir valor para asistir al médico a confirmar su sospecha. La vida parecía derrumbarse ante ella.

Cuando finalmente logró armarse de valor para asistir al médico, la confirmación de sus peores temores no la hizo sentir mejor; su mamá estaba esperándola fuera del consultorio y cuando Clara la vio, algo se rompió en ella. Arrojó todo el dolor y el miedo en los brazos de su madre, esperando que ella pudiera ayudarla a entender algo de todo aquello que parecía no hacer sentido. “Ese hijo no puede nacer” fue lo que recibió como respuesta. Ninguna pregunta, ningún asomo de duda o titubeo, el rostro de su madre se mantenía sereno. Cuando su padre se enteró, a expensas de ella, la reacción fue distinta; “¿Qué es lo que tú quieres? Haremos lo que tú decidas”, le dijo. 

Y es que ese era el meollo de todo el asunto ¿qué era lo que ella quería? Se sentía abrumada e incomprendida. Por su mente, varias veces se cruzó la posibilidad de continuar con el embarazo, de criar al bebe ella sola, mientras se decía a sí misma “Tú puedes hacerlo, tú puedes”; pero la verdad es que ella sabía que si traía un hijo al mundo no iba a poderle dar la vida que se merecía, que tendría que decirle adiós a sus estudios y que la situación económica en la que se encontraba no era la ideal para mantener a un bebé.

Eventualmente, su salud, física y emocional, fue la que le ayudó a decidir qué hacer, no podía continuar con el embarazo, por su bien y por el del bebé. Tenía miedo, estaba consciente de que la decisión que había tomado tenía que realizarse rápida y clandestinamente; no podía permitirse ir a la Ciudad de México para que el procedimiento fuera seguro y lícito, y la idea del misoprostol le parecía muy arriesgada.

***

Se estima que hay alrededor de 7 millones de mujeres en el mundo que son hospitalizadas debido a un aborto sin condiciones de seguridad, condiciones que ponen en riesgo su salud y en, casos muy comunes, su vida. 

En México, sin embargo, la vida de la mujer pasa a segundo plano en comparación con la del producto o feto; desde la despenalización del aborto en la Ciudad de México, hace ya 15 años, se impulsaron una serie de reformas, desde grupos conservadores, para “proteger la vida desde la concepción” dejando de lado los derechos humanos y reproductivos de las mujeres.

Los Estados que tienen mayores restricciones legales para el acceso al aborto, como por ejemplo Baja California, son los mismos que han dictado sentencias a las mujeres que han tenido un aborto, ya sea de manera voluntaria o no, castigándolas con hasta dos años de prisión.


Imagen que contiene texto, mapa

Descripción generada automáticamente

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Clara sabe de tres conocidas suyas que se han practicado un aborto clandestino, sin complicaciones, con el mismo médico, así que decide acudir con él. Aun así, siente una culpa que le arrastra el cuerpo, todos sus instintos como estudiante de medicina le dicen que practicar un aborto en esas condiciones puede ser sumamente peligroso, pero no tiene otra opción.

Va a la cita con su mamá; el lugar donde se va a realizar el procedimiento es una clínica improvisada en un apartamento de mala muerte. Los materiales se ven viejos y oxidados, los médicos que la atienden no le generan ni un ápice de confianza, uno de ellos se aprovecha de la situación para tocarle los senos sin su consentimiento, pero ya está ahí y es hora: la ponen a dormir y lo último que ve antes de cerrar los ojos, es una luz titilante en ese horrible lugar, después… todo es oscuridad.

***

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se puede clasificar al aborto en tres categorías en términos de seguridad medica: se considera seguro cuando es llevado a cabo por personas que usan métodos recomendados de la OMS; menos seguro cuando sólo uno de estos dos criterios se cumple, y nada seguro cuando ninguno de ellos se cumple. 

Los últimos datos de la OMS nos dicen que anualmente se realizan 22 millones de abortos peligrosos mundialmente, de los cuales 47.000 provocan defunciones y más de 5 millones conllevan complicaciones, entre ellas:

  • aborto incompleto (no se retiran o se expulsan del útero todos los tejidos embrionarios);
  • hemorragias (sangrado abundante);
  • infección;
  • perforación uterina (cuando se atraviesa el útero con un objeto afilado); y
  •  daños en el tracto genital y órganos internos debidos a la introducción de objetos peligrosos tales como varillas, agujas de tejer o vidrio roto en la vagina o el ano.

Existen diversas formas de acceder a un aborto; dependiendo de las circunstancias. Por razones económicas y legales, muchas mujeres recurren a clínicas clandestinas, en pésimas condiciones de sanidad, donde reciben el procedimiento quirúrgico sin los estándares de salubridad requeridos, arriesgando su salud o su vida en el proceso.

Algunas otras usan misoprostol, un medicamento que ingerido en la dosis y de la manera correcta (consulte aquí), induce el aborto, sin embargo, este método, que se usa en secreto en los países donde el aborto puede llegar a ser causa de penalización, no cumple con las normas de la OMS para calificar como un aborto completamente seguro.

***

Poco a poco, Clara recupera la consciencia, y lo primero en lo que posa sus ojos es en la mirada asustada de su madre, por un segundo piensa que está muerta, pero el dolor se asegura de hacerle saber que no es así. 

Los médicos le dan las últimas indicaciones y Clara deja, por fin, atrás aquel lugar.

Después de algún tiempo Ana y Clara volvieron a su normalidad; la universidad, los amigos, su familia, el futuro. Son afortunadas, lo saben, no muchas mujeres en este país corren con la misma suerte. 

No se arrepienten, la decisión que tomaron sobre sus propios cuerpos les trajo paz y la certeza de su propia fortaleza, a pesar de haberse visto obligadas a realizarla en la clandestinidad. Y yo creo que si se los preguntan, ellas les dirán que abortar también es un acto de amor.

La maternidad será deseada o no será.

Si deseas saber o informarte más sobre este tema, te dejamos los siguientes links:

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