Tolerar lo intolerable

Autor: David Bernardo Castro Pierce

Twitter: @MrBernardPierce
Instagram: @bernardo_pierce
Facebook: David Bernardo Castro Pierce

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

La libertad de expresión forma uno de los derechos fundamentales del ser humano para poder establecer una sociedad responsable, incluyente y sobre todo abierta al debate; forma el pilar esencial de la comunicación entre individuos y permite expresarnos y entendernos mejor.

Pero ¿cuál es el límite de esta libertad? Debido a que los límites son establecidos de manera muy ambigua, han existido ciertos dilemas de acuerdo a qué tanto se puede ser tolerante con algunas de estas expresiones, siendo el discurso de odio el más polémico de todos ellos. 

El concepto del discurso de odio no tiene una definición establecida, aunque se considera que es toda expresión que ataca a un grupo de personas o a un individuo en particular definido por una característica protegida, como lo son: raza, sexo, orientación sexual, religión, discapacidad, idioma, origen nacional o social, entre otros.

Su expresión puede ser escrita, no verbal, artística (por mencionar algunos) y puede ser difundido por cualquier medio, incluyendo internet, medios impresos, radio o televisión. Se encuentran comúnmente en las redes sociales y, mientras muchos muestran su rechazo, otros apelan a la libertad de expresión. La cuestión es ¿cuándo es correcta la censura?

Article 19 propone un esquema para ello:

“Pirámide del discurso de odio” Fuente: Article 19 (2015). “Manual del discurso de odio”. Londres, Reino Unido.

Para la evaluación del discurso se deben observar los siguientes aspectos:

1. Contexto de la expresión.

2. El orador.

3. La intención.

4. El contenido de la expresión.

5. La extensión y magnitud de la expresión.

6. La probabilidad de que se produzca un daño, incluyendo su inminencia.

Se establece que la censura es una herramienta de último recurso para limitar aquellos discursos de odio que incitan explícitamente a la violencia, pero en casos menores resulta impráctico por la calidad de “mártires de la opinión” que pueden llegar a adquirir, reforzando aún más su ideología en la población, además de convertirse en un elemento de uso generalizado, sin dar paso al debate.

Tomado de: ciesas.edu.mx

Entonces, ¿cómo respondemos a ello?

El primer paso es analizar los discursos con los seis aspectos que se mencionaron anteriormente: ¿Cuál es el contexto? ¿Quién lo dice? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué dice? ¿Cuál es la gravedad de la aseveración? ¿Hasta dónde puede llegar? Y una vez hecho esto, volverse partícipe del debate, exponer estos casos y alzar la voz para desmeritar los prejuicios, incitando al pensamiento crítico de la audiencia y apoyando a los afectados.

Vemos estos mensajes cada día en texto, imagen y sonido en forma de comentarios, videos, memes, y mientras la mayoría lo ignora, muchos otros arremeten con violencia bajo la protección de la indiferencia del resto. El silencio se vuelve cómplice de la injusticia, perpetuando el hostigamiento, el acoso y la discriminación. Lo más importante de todo es evaluar lo que compartimos, lo que aceptamos y lo que ignoramos. 

Somos responsables por lo que decimos y también ante lo que callamos.

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