Héroes enmascarados

Autor: David Bernardo Castro Pierce

Twitter: @MrBernardPierce
Instagram: @bernardo_pierce
Facebook: David Bernardo Castro Pierce

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

Sin duda el 2020 ha estado lleno de sorpresas, unas menos gratas que otras. “Es un poco más que un resfriado”, se decía. Comienza en oriente, se va de tour por el mundo y termina por hacerse invitado especial en cada nación del mundo. La preocupación, clase mundial. Algunos más conscientes que otros. Se toman medidas, la gente a sus casas y los que no, con mascarillas. Y por supuesto, las especulaciones no se hacen esperar:

¿Usar o no usar cubrebocas?, ¿me protege realmente?, ¿qué sentido tiene usar uno de tela si no me protege como uno profesional?

Tomado de: forbes.com.mx

Ante la increíble demanda, los cubrebocas se agotaron con una velocidad abismal, y además, se estableció al sector salud como prioridad de manera global. Resultados: Alza de precios en equipos de protección, millones de personas desprotegidas y un sentimiento de muerte inminente para más de uno. Pero, por supuesto, la necesidad es la madre de la inventiva. Los cubrebocas caseros no se hicieron esperar y comenzó su uso indiscriminado en toda la población. Mucho se especula acerca de esto, pero la ciencia ya tiene su respuesta. De acuerdo al artículo de Eikenberry et al. (2020), se estableció una importante disminución en la cantidad de contagios en poblaciones donde el uso generalizado de las mascarillas disminuye de manera importante la incidencia de infección por virus SARS CoV-2, acompañado de medidas de distanciamiento social e higiene personal; incluso si no son de buena calidad como es la situación de los cubrebocas caseros, también representan un impacto significativo en la reducción de los casos, tal como lo señalan Konda et al (2020). Y no son los únicos que lo dictaminan de esta forma. 

En los artículos de Greenhalgh et al. (2020) y Střížová et al. (2020) narran el impacto radical del uso de cubrebocas y, a pesar de coincidir en que la protección propia es muy limitada, la protección al prójimo es el punto fuerte de su uso, al sugerir que gran parte de los aerosoles emitidos por nariz y boca se quedan únicamente en nuestro rostro y no en otras personas o superficies, disminuyendo la carga viral que se expone al ambiente, y por ende, reduce la cantidad de casos nuevos. Así como éstos, existen muchos otros artículos de revistas de alto prestigio como NEJM que sugieren el uso del cubrebocas como una medida esencial para disminuir los contagios.

Tomado de: latimes.com

Entonces, ¿Por qué existe resistencia si hay evidencia?

Las respuestas son variadas, desde incomodidad personal hasta líderes sociales que se niegan a usarlo, y esta última cuestión tiene un gran peso en México.

Diversos miembros del gabinete de gobierno aparecen en actos públicos, no sólo sin usar cubrebocas, sino dando aseveraciones sin fundamento, como fue el caso de Olga Sánchez Cordero, titular de la Secretaría de Gobernación, que mencionó no necesitar la famosa mascarilla porque ella estaba “blindada contra el virus” porque tomaba “gotas de nanomoléculas” o del mismo presidente López Obrador, exclamando que no usaría cubrebocas porque “aún no estaba científicamente comprobado”. Un principio básico: poner el ejemplo y esperar la repetición, hablar claro y esperar comprensión. La irresponsabilidad de los representantes públicos refuerza la determinación de aquellos que buscaban una sola excusa para no usar la mínima protección y de quienes que, desafortunadamente, no cuentan con el mismo acceso a otras fuentes de información o a la obtención de equipo de protección.

Tomado de: eluniversal.com

Es fascinante ver como un simple artefacto abarca trasfondos científicos, morales y políticos, creando un reflejo de la demostración de empatía, la responsabilidad social y la búsqueda del bien común. Cada vez es más notable que los actos de unos condenan a otros y que cada acción, por pequeña que parezca, trasciende de manera innegable. Todos compartimos una parte de la responsabilidad y si muchos no tienen la oportunidad de informarse de forma adecuada, hay otros que sí. 

Podemos darle un giro a las cosas, pero eso depende de nosotros.

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