#LasVidasColombianasTambiénImportan

Autora: Yakellys Arellano

Instagram: @kellysyll

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

A principios de julio el furor del asesinato de George Floyd corría por las redes sociales. Influencers por todos lados repudiaban este acto, la atención mediática se fue hacía las desgracias que sucedieron en Estados Unidos y el movimiento Black Lives Matter acaparó toda la atención. El mundo necesitaba saber sobre esta problemática. Las protestas por los asesinatos de personas negras y la brutalidad policial están más vivas que nunca y es que este es un problema mundial, por eso el movimiento sigue. 

En ese momento escribí una columna sobre la doble moral de los colombianos frente a las protestas, en la cual mencioné como el apoyo hacia las manifestaciones en Estados Unidos es grande pero cuando hay protestas en nuestro país esta emoción se esfuma, la hipocresía aparece y, de repente, querer hacer valer los derechos fundamentales es visto como ser de izquierda, mamerto y comunista sin oficio. Muchos colombianos se olvidan de que, aunque BLM es una causa importante, en Colombia están pasando cosas que merecen la misma atención. Es hora de usar esa misma energíapara crear un rayo de luz sobre los problemas de nuestra nación, educarse y alzar la voz frente al narco-gobierno que se hace el de la vista gorda ante el asesinato de sus habitantes.

Pero parece que los años de violencia y masacres pasadas fueron una anestesia. Los secuestros, los carros bomba, las extorsiones, entre otros, eran el pan de cada día, tanto así que para muchos las masacres recientes parecen juego de niños, o como a Duque le gusta llamarlas, “homicidios múltiples”. En una tierra con amarillo, azul y rojo en su bandera, parece que pocos quieren evitar que el charco de sangre se apodere de los demás colores. 

9 jóvenes masacrados en Samaniego, Nariño. 5 jóvenes en Llano Verde, Cali y luego un atentado cerca del velorio donde murió otra persona y 14 más heridas. 2 menores de edad masacrados entre Cauca y Nariño. 1 joven mutilado por su orientación sexual en Sincelejo, Sucre. 2 indígenas asesinados en Corinto. Y la lista sigue, un horror tras otro, y eso sin mencionar los cientos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos que han sido asesinados en el país. Según Indepaz, desde la firma del acuerdo de paz en 2016 hasta la fecha, cerca de 1,000 líderes han sido asesinados. Y lo peor son las justificaciones de cada una de estas muertes, desde tildarlos de narcotraficantes hasta justificar la matanza de jóvenes por incumplir normas de bioseguridad. 

El gobierno de Iván Duque, desde el primer día de poder, ha sido enemigo de la paz. Por el contrario, tiene un amorío con la guerra y el conflicto. Al ponerle trabas al proceso y dejar de lado a las víctimas, sigue hundiendo a Colombia en la misma historia de siempre. La guerra siempre ha sido el mejor negocio y parece que lo tienen claro. Como está plasmado en Twitter: nos están matando y no es el COVID. Cada masacre dejada en la impunidad es prueba de que, aunque a los ojos de la constitución la vida sea sagrada, para ellos somos un número más en la larga lista. En este gobierno las tragedias se convierten en una cifra para hacer comparaciones nefastas en power point, tratando de probar que en este gobierno hay muertos, “pero no tanto como en el de antes”.

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