¿Los hombres no jugamos a las muñecas?

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Tradicionalmente, las niñas han jugado a las muñecas; los varones a los muñecos y… no está mal según la categoría y el gusto de cada quien. Lo que no está bien es creer que ese es un parámetro a seguir, pues representa una limitación de géneros y una coerción en gustos. Cuando me refiero a dichas categorías no hago exclusión de todo aquel niño o niña que pertenezca a la comunidad LGBTTTQ.

Cito a dichos infantes porque los hay innatos; no me refiero a ellos más allá del punto de vista fisiológico tomando como base a la sociología, ya que desde la endocrinología el asunto no se aclara del todo. Las ciencias sociales nos pueden ayudar a comprender mejor el tema, para eso recomiendo los estudios de Judith Butler, quien afirma que: el género es una imitación para la que no hay origen.

Fuente: untref.edu.ar

Lo anterior se mencionó solo para hablar de uno de los principales inconvenientes que enfrenta la niñez para elegir con completa libertad a qué jugar y con qué,  represente el género que represente, el otro gran problema es el patriarcado, ambos resultados tanto de la discriminación como de la ignorancia humana. 

Lo peor es que no se reconoce que con dichas costumbres ideológicas se les infunde a los pequeños el odio a la diferencia, que es una de las primeras causas del bullying, como la creencia de que los hombres y las mujeres tenemos que cumplir con ciertos roles de género, por ejemplo: los hombres nacen para ser machos;  las niñas para ser madres y amas de casa.

El efecto de dichos roles es más que evidente, así como la violencia que se gesta en los varones a través de juegos. Al crecer muchos sacan a relucir su verdadera identidad de género e ideología; este es un  acto de valentía, de los más honorables que el ser humano pueda hacer. Es un honor a la humanidad misma a través del respeto a la riqueza de la diversidad y la honestidad para “consí mismi”. Dicha palabra desde luego es inventada por mi persona con el fin de dejar claro que es error ortográfico, pero valor semántico que le atribuyo es para que todos los géneros se sientan identificados. 

En este orden de ideas se puede decir que hoy en día un hombre que ayuda a su mujer en las labores del hogar, y en todo aquello que el patriarcado considera que le corresponde sólo a ella, es un “marica”. Esta es la mezcla embriagante de veneno entre violencia de género y homofobia cuya mezcla ha sido consumida por la humanidad en dosis tan altas que la ha terminado consumiendo a ella también. 

No obstante y aunque se nos considere a los hombres como “maricas” al hacer labores del hogar, debe decirlo alguien como yo, no porque lo haga a la perfección, sino porque intento hacerlo teniendo al menos claro el concepto de emancipación hacia la libertad e integridad humana. 

 Los hombres también tenemos el deber de ayudar a nuestras mujeres porque para eso se unen las parejas, para apoyarse y guiarse; aun cuando dentro del orden administrativo lo normal es que haya racionalización y cada quien deba ocuparse de algo en específico, pero esto no indica que dicha división de tareas excluya al hombre de labores que siempre se han dejado a cargo de la mujer. El padre también es importante y puede incluso llegar a ser aún más trascendental, tanto así que al quedar viudo o abandonado con sus hijos, puede representar ambas figuras de la manera más apropiada y deseada posible sacando adelante su hogar y dando de ese amor que se cree que sólo la madre puede dar. 

Pero lo más importante es dejar a un lado el deseo insaciable de los hombres de tener un varón, el cual también he poseído –por ello lo digo yo, quien tengo dos hijas– así como la costumbre patriarcal de jugar sólo con ellos (no sólo jugar literalmente, sino criarlos, guiarlos y relacionarse con ellos como padre e hijo, a lo cual me refiero), cuya costumbre de identificarnos sólo con ellos es producto evidentemente de tal deseo psicosocial y viceversa; por ende es fundamental relacionarse también con las hijas y así poder amarlas y estar orgullosos de ellas de mayor y mejor manera, tal como las madres también deben hacerlo para con sus hijos sin con ello manipularlos como muchas lo hacen y como peor aún, se acepta socialmente bajo la frase de que “así son las mamás”. 

He por ello que con ese tipo de frases puede hacerse un daño enorme a los hijos al no permitírseles el desarrollo de su propio espacio e identidad además de ser bajo la palabra “manipulación” que se interpreta el concepto de juego, al cual acá le he dado un sentido que ya he aclarado en paréntesis anteriormente y durante toda la columna metafóricamente. 

Mejor aún, cuán bello es que las madres no sólo se relacionen afectivamente de una forma apropiada con los “varones”, además para con todo aquel que se identifique con cualquier otra identidad de género pues algo más grande que el que ellas también puedan jugar a los muñecos es que lo puedan hacer con los de toda clase y gusto aceptándolos y guiándolos como sólo el amor verdadero puede hacerlo. 

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