Los mal llamados gringos y americanos, ¡todos podemos ser americanos!

¿Qué más, que entendamos y reconozcamos primero lo que es ser americano? Porqué precisamente no tenemos claro ese concepto, tampoco el de Green-Go, ni el de gringo (…)

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

En mi pasada columna “El país que a todos USA y el Reino Unido de los Estados Unidos” mostré cierto acto de rebeldía aparentemente en contra de los estadounidenses, pero no fue en contra de ellos, sino en contra del gobierno hegemónico que han adoptado sus dirigentes y de hecho, así lo aclaré, por lo que también me dirigí en contra de la monarquía hablando en nombre de la que lo conquistó y le transmitió sus mañas: “La del Reino Unido”, cuando mi reclamo hacia el respeto a la libertad humana es hacia cualquier forma de tiranía, dictadura o de represión sea de la índole que sea, incluso la de la extrema izquierda, tema que abordaré a profundidad en alguna otra columna, mas del que me valgo para dirigirme hacia el pueblo norteamericano, especialmente estadounidense y decirle que para mí no tienen por qué seguir siendo llamados como lo hicieron los mexicanos frente al robo de alguno de sus territorios: Green-Go, es decir: verdes (color de ojos) ¡váyanse! Porque como pueblo americano que todos somos, debemos unirnos y no tienen por qué ser víctimas del imperialismo mundial que en su gobierno reposa y se multiplica, pero que proviene de todos los socios opresores de los reinos, dictaduras e incluso “democracias” y por el cual no se pueden dejar contaminar, desangrando al resto de América. 

Tomado de: facebook.com

Esto es lo que tengo para decir a los norteamericanos y a nosotros los latinos, ¿qué más, que entendamos y reconozcamos primero lo que es ser americano? Porqué  precisamente no tenemos claro ese concepto, tampoco el de Green-Go, ni el de gringo y mientras no lo hagamos seguiremos desunidos a través de la discordia que proporciona la ignorancia, que no es diferente a la hipocresía de la sumisión que ocasiona la misma y que se traduce en alabar a los norteamericanos como si fuesen dioses; cuando con decirle a alguno: Green-go, ya sabemos qué estamos diciéndoles inconscientemente o cuando al distinguirles como americanos nos excluimos de un título tan privilegiado, que aún así, no se cierra a cualquier ciudadano del mundo que siempre que esté comprometido con aportar justicia, equidad y paz a toda América desde Alaska hasta la Patagonia, es digno de recibirlo, por lo que “Todos podemos ser americanos”. 

Tomado de: rlv.zcache.com

Y ya para terminar, la tercera expresión muy mal usada es gringo ¡ya lo dijiste!– dirán, pero ¡no!, lo dirán los que no saben que es una palabra homófona de Green-Go, es decir, suenan igual, mas tanto su escritura como su significado es diferente y por ende los que han usado la expresión mal, como también lo habré hecho yo en su momento, se han dirigido con la expresión no sólo a los norteamericanos, sino a todos los extranjeros, especialmente europeos de pelo rubio; ante todo, de ojos claros y piel blanca, incluso ante latinos de dicha apariencia como lo han hecho conmigo, olvidando que aunque es el prototipo de dichos países, también hay variedad de razas en los mismos, de manera especial en Francia y Norteamérica, dónde no sólo la población afro es sumamente discriminada, sobre todo en EE.UU, sino al parecer en todo el resto de América, al igual que sus nativos indígenas, a algunos de los cuales he conocido en mi patria, Colombia, y que han pasado desapercibidos, ¿quién creería que son gringos? A lo que voy es que también son estadounidenses. Ello se desconoce o peor aún, se ignora tal como la ofensa que se le hace a un ruso, por obvias razones: “la ideología política y su confrontación desde la guerra fría con los gringos”. Debo aclarar, que he manejado concepciones de Green-Go y gringo bastante populares y realistas, las cuales ameritan ser estudiadas y por lo cual, son el tema de esta columna ya que dentro de la formalidad histórica la versión o versiones originales son otras, tal como se observa en la siguiente fuente: 

Tomado de: culturacolectiva.com

Ojalá que algún día las relaciones entre Norteamérica y Panamérica mejoren; que toda América se una y comprenda que todos debemos ser un continente unido en el que reconozcamos a todo estadounidense sea de la raza, del origen y de la comunidad que sea como gringo si en definitiva, este es el concepto de dicha palabra, aportando así a la paz y al respeto a la integridad y diversidad, cuidándonos también a la hora de tratar con dicha denominación a alguien que se ofenda o que no se sienta orgulloso por ello, tal como debemos hacerlo a la hora de llamar “americano” a alguien que por dichos motivos, así como por la falta de suficiencia de amor y lucha por todo el continente americano no sea digno de ello, tal como lo he expuesto y que con base a lo que he comentado que nos hace dignos merecedores de tal título, ¡seamos meritorios de llamarnos americanos! -valga la redundancia. Pero ante todo, ojalá que nunca más sea necesario volver a nombrarle irónicamente a ningún estadounidense como Green-go, dada la mejora de las relaciones en mención y a los simples valores humanos que se propaguen de nación en nación a través de cada interacción evadiendo el fascismo y el racismo, puntos extremos de un nacionalismo mal llevado, porque así como los llamados yanquis imperialistas para mí son los mal llamados gringos, tengo la esperanza de que los que son dignos americanos lleguen a ser también los mal llamados Green-gos y que sólo los que no deben recibir el título oriundo de nuestro continente tan sublime tomen otro rumbo sin necesidad de una guerra o de actitudes violentas como las de la conquista europea, gracias en gran medida a su iniciativa, usando el tiempo verbal “presente simple”: Green-Goes (ojos verdes se va) Green-Go (Los ojos verdes se van) y no más el imperativo fallido de: Green go (ojos verdes, ¡vete!, o ¡váyanse!)

Fuera de lugar

Parece que sentirse ajeno es común cuando se pasa del Castillo de San Felipe, el aura cambia y de repente te sientes en una Cartagena totalmente distinta.

Autora: Yakellys Arellano

Instagram: @kellysyll

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

Nací en Cartagena, Colombia. Hace 18 años que llevo sintiendo el sol picante mientras camino por las calles de La Heroica, con el sudor recorriendo mi espalda y acumulándose en mis pestañas. Aunque a veces es molesto y a las 12 del día se vuelve sofocante, no puedo hacer más que quejarme y volver a mis tareas diarias. Si estoy dentro de mi casa espero que el abanico sea suficiente para aliviarme, pero llega el punto en que no da más y el aire refrescante se vuelve fogaje. 

No recuerdo la primera vez que probé una empanada o una arepa con huevo en la esquina de los fritos (que en Cartagena puede que haya un puesto cada 2 cuadras) pero sé que es una comida sagrada, una tradición que nunca dejaré ir. En mi mente tampoco hay memoria de la primera vez que compré un raspado de Kola con chicle para aliviar el calor, unos bolis de camino a casa después de un día en el colegio, solo sé que es parte de mí. Comprar una butifarra o un huevo con limón, una carimañola o un chuzo. Cuando las temperaturas alcanzaban los 33° y mi mamá ese día había hecho sopa para el almuerzo, me quejaba, ¿quién en su sana mente juntaba sopa con calor? Hasta ahora, todas las familias de la costa. Con el tiempo aprendí a amarlo, aunque mi mente rezongue cada vez que pasa. 

No crecí en un barrio estrato alto, ni en una casa lujosa. No puedo exagerar y ponerme en una situación de extrema pobreza, pero tampoco vengo de una familia super privilegiada. De hecho, ir al centro de la ciudad para mí era considerado un privilegio, solo íbamos unas pocas veces al año; vacaciones en junio y para fin de año. En los últimos días de diciembre y el primer día de enero, media Cartagena se encontraba allí disfrutando de las luces y una caminata por las famosas callecitas. Para mí, esos días eran las únicas ocasiones en que un lugar de tanto calibre se volvía de todos. El resto del tiempo, me sentía fuera de lugar en mi propia ciudad. 

Parece que sentirse ajeno es común cuando se pasa del Castillo de San Felipe, el aura cambia y de repente te sientes en una Cartagena totalmente distinta. Por construcción social, no es lo mismo ir a comer helado en La Castellana y sentarse en el borde de la fuente que ir al Bocagrande Plaza y sentarse en el balcón con las manos vacías, pero no importa, es Bocagrande. El “caché” es más notorio y muchos nos ponemos nuestra mejor pinta para no parecer fuera de lugar.

Crecí con la mentalidad de que el centro y sus alrededores eran una ciudad aparte, y que si quería estar allí no podía hacer lo mismo que hacía por mi barrio. Hasta que dije ¿por qué? ¿Quién dijo que esa parte de Cartagena no pertenece? ¿Por qué hay una división entre la Cartagena de los ricos y la Cartagena de los pobres? Allí fue cuando empecé a entender que la marginalización y la desigualdad en una de las ciudades más importantes del país eran el pan de cada día. 

Años de mala administración y de caos político han dejado a la ciudad en pedazos. Eso se traduce en pobreza extrema y se refleja en barrios populares, como las Faldas de la Popa, Albornoz, Ciénaga de La Virgen, entre otros barrios, en donde vive gran parte de los cartageneros (y vale la pena agregar que también es la gran parte de la población negra de la ciudad). Según un informe de Cartagena Como Vamos, la ciudad se encuentra entre las 3 ciudades más pobres del país, para 2016 el 26% de la población se encontraba en pobreza extrema y el 3% en indigencia. En una ciudad que es puerto marítimo y cuna de turismo, es frustrante ver como sus ciudadanos se ahogan en la pobreza. La mayoría de cartageneros no crecemos con privilegios, ser criados en una ciudad donde la desigualdad es tan obvia crea prejuicios internos. 

Se ha creado una imagen estándar, donde (en las noticias y para el mundo) Cartagena es playa, brisa, mar y diversión. Calles coloridas y un calor acogedor. Donde las murallas te hacen sentir seguro y las líneas de edificios en Bocagrande en adelante son imponentes. Los negocios más exclusivos los encuentras en esa zona sagrada y para poder divertirte allá es donde debes estar. Pero se margina a la población popular, la que tiene los trabajos informales, la que se levanta a las 3 de la mañana para cargar bultos de comida y llevarlos al mercado de Bazurto. Los mototaxistas, los conductores de buses y busetas e incluso los conductores de taxi, las peluqueras, los barberos, los vendedores ambulantes, los dueños de pequeños negocios que a duras penas dan de comer a sus familias y empleados, etc. A muchos les sorprende que en el centro haya indigentes en las calles, pero para el ciudadano común es otra faceta más. Y cuando hay eventos en la ciudad se esconde todo lo que pueda poner en duda la grandeza de la misma, todo para que Cartagena parezca una perla perfecta flotando alrededor del fango. 

El país que a todos USA y el Reino Unido de los Estados Unidos

¡Cuidado con el imperialismo que a todos USA!, ¡cuidado con un supuesto pueblo unido que se convierta en un verdadero Reino Unido que luego también se llame los Estados Unidos!

Autor: Brayan Latorre

Instagram: @brayan_la_torre
Twitter: @BrayanLatorre

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

¡Cuidado con el imperialismo que a todos USA!, ¡cuidado con un supuesto pueblo unido que se convierta en un verdadero Reino Unido que luego también se llame los Estados Unidos! “Brayan Latorre

Esta frase es bastante controversial. ¡Lo es! Pero no hay por que asombrarse por algo que es evidente y que no tiene fundamento más sencillo que una explicación y correlación histórica. No obstante, pretendo hacer una breve crítica social al respecto y dar a entender el mensaje de dicha frase de mi autoría y del título de esta columna.

No sé qué opinión tendrá la mayoría de gente, sobre todo los latinoamericanos –cuya opinión es una de las que más me importa– sobre EEUU. Seguramente el sueño americano lo dice todo. Ese que amerita el título del artículo y que se lo lleva por delante, solo que en últimas significa lo mismo: el gran país de los gringos es uno de aquellos por los cuales más nos dejamos engañar a través de ilusorias promesas de convertirnos en reyes donde por muchos esfuerzos que hagamos seguiremos siendo esclavos de la élite. 

Aclaro que mi intención no es afirmar que es el que más engaña a la población mundial con sus oportunidades porque no es justo ni coherente expresar odio alguno ni totalizar –respectivamente– tampoco lo es fomentar la disensión, tan solo expresar las cosas tal como son y de la manera menos ruda posible y que lastimosamente se expresen como se expresen, no dejan de ser lo que son. Parece irónico, mas lo he expresado así en anteriores opiniones y es a causa de que esta no es más que una gran crítica social que quiero manifestar desde el derecho como humano y ciudadano del mundo que tengo a hacerlo.

Tomado de: eldefinido.cl

Vemos en ese gran sueño americano oportunidades inimaginables e inalcanzables en otros países; aun así, no vemos que son producto de todas las utilidades y el provecho que este bello país saca de todos esos otros Estados del mundo y a los cuales les termina dando la sobra. Es justo un poco por lo menos, o ¿no…? ¿así pensarán ellos o…? ¡Ah…! Es que son los Estados Unidos, solo que al parecer del mundo. ¡Bueno…! ¡Tal vez no sea mala idea que se dejen de llamar “Estados Unidos de América” (USA) en inglés! Así su nombre al menos dejaría de prever o alertar lo que hacen, aunque sea a aquellos que como mi persona se hayan puesto a pensar que dicha potencia tiene el nombre bien puesto. 

¡Cómo no! Si es un estado que a todos USA sin piedad alguna a través de prácticas comerciales suma-cero y negociaciones diplomáticas llenas de estrategias hipócritas que apuntan a dicho fin que no hace diferencia ni entre las grandes potencias ni entre los países de renta baja y media como en Latinoamérica, entre los cuales hay pasados históricos como el arrebato a los Estados Unidos de México de la mitad de su territorio, lo que hoy en día es California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas…entre otros territorios de Estados. ¿Por qué…? ¿Porque era México también un imperio y una amenaza? ¡No!, ¡no les había atacado! La relación marchaba bien, además de la fuerza militar de los EEUU. ¡Simplemente lo que se hereda no se hurta! –dicen por allí y con la conclusión de la columna bastará la explicación. 

Tomado de: bbc.com

Le manifiesto a USA que ojalá su nombre también sirva como imperativo y nos permita usarle apropiada y equitativamente; pues puede que le usemos, pero de una forma en la que el aporte que le hacemos a su nación o cada una de sus sub-naciones (Estados) es muchísimo mayor, por lo que alimenta a la desigualdad social, que aunque no parezca, por ser el país más desarrollado junto a Canadá, lo que hace de manera poco notoria y discretamente peligrosa es ser el canal de entrada y medio de propagación del subdesarrollo y la injusticia de la hegemonía a toda América por parte del resto del mundo, incluyendo de sus nacionales como personas naturales y jurídicas.  

De todos modos, en cuanto al cambio de nomenclatura –como he indicado en el tercer parágrafo– pasaría a ser la de los EEUU, no de América, sino del mundo….lo cual en realidad no es ningún cambio y no porque América sea el planeta, mas bien porqué el país es una hegemonía en sí mismo; no hay lugar alguno en la Tierra ni fuera de ella (la luna, expediciones espaciales…) en el que no haga presencia este gran estado que reúne a todos los del mundo y al que han llegado inmigrantes de todas partes de las naciones por los distintos conflictos socio-políticos y económicos que provocaron las guerras y por la oportunidad que vieron los grandes comerciantes de conquistar América en su totalidad (incluyendo Latinoamérica): “un mercado descomunalmente provechoso”. 

Tomado de: ensartaos.com

Por lo que en realidad USA está más lleno de habitantes del mundo entero que de gente originaria; que entre otras cosas, no son los mal llamados gringos, sino los aborígenes, quienes cifran entre 2,5 y 6 millones de personas, de los cuales el 23% vive en Alaska (Mundo Indígena 2019: Estados Unidos de América) mientras que la población total estimada para el cierre del año pasado fue de 329 millones de habitantes, lo que indica que los nativos solo están entre un 0,76 y 1,82% de los estadounidenses legalmente reconocidos. Y hago énfasis en ellos porque son los hermanos mayores a quienes pertenece por derecho natural y más que a que cualquier otro americano, el suelo, los recursos y todo el bien que se les fue arrebatado como al resto de amerindios en nuestro continente. Con esto no quiero decir que hay que necesariamente hacer algo tan complicado y utópico como devolverles todo, sino simplemente que es una muestra de lo que dejó la colonización británica y es la mayor erradicación de indígenas en América, además de las mañas de USA aquí expuestas; por lo que en realidad es en la monarquía en donde se halla el origen de esta problemática social, porque lastimosamente les dejó la peor herencia a los hijos de sus colonos –a sus sucesores– “tener un Reino Unido bajo el nombre de los Estados Unidos.  

¿Estamos en una película?

(…) esta película “COVID-19” ha durado más en cartelera que comúnmente cualquier película de estreno, lo malo es que somos co-protagonistas, ¿pero realmente es tan malo?, ¿no todos quisieran trabajar para una película de Tarantino?

Autora: Angela Dayana Galindo Barrera

Estudiante de Ingeniería Química en la Universidad de Pamplona

Instagram @angelagalindo14

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

Ahora que somos presos por el innombrable “COVID-19”; bueno no tan innombrable en aspectos televisivos, ya que al mismo tiempo tiene fama de película de Quentin Tarantino, se lleva las portadas de los mejores periódicos en el mundo, sin duda encabeza el ranking de búsquedas en Google, es el encabezado principal de los noticieros, está en Twitter e Instagram como tendencia, así sea de mofa. En fin pura película de Quentin Tarantino con su actor principal Leonardo DiCaprio, claro está que esta película “COVID-19” ha durado más en cartelera que comúnmente cualquier película de estreno, lo malo es que somos co-protagonistas, ¿pero realmente es tan malo?, ¿no todos quisieran trabajar para una película de Tarantino?

Tomado de: delefoco.com

Como co-protagonistas quizás estamos hastiados de la fama de la película, tuvimos que adecuar nuestro estilo de vida, acostumbrarnos al cambio a la fuerza, no exactamente siendo conscientes como en el libro de Spencer Johnson ¿Quién se ha llevado mi queso?,olvidar la esencia de ciertos lugares, dejar el café y la cerveza para después y, lo más frustrante, terminamos recluidos por el estrellato.

Pero qué sucede con el artista o, en este caso con exactitud, el actor. En la mayoría de los casos el actor busca la fama, vive una rutina agitada, trabaja más que cualquier individuo (ya que sabemos que triunfar en el mundo del arte es realmente complicado) entonces imagínense triunfar en el séptimo arte en Hollywood, en fin, crea una rutina que dura años de trabajo fuerte. Al obtener por lo que trabajó años, alcanzando la fama por primera vez debe aprender a manejarla, cumplir obligaciones, vestirse de tal forma,etc.. En ese momento en el que el artista cambia su forma de vida, extraña lo sencillo de esta; su familia, sus amistades sinceras, la tranquilidad en ocasiones y otro sin número de cosas. Hay artistas que no pueden manejar estos aspectos y es la razón por la que con frecuencia caen en vacíos emocionales. 

Tomado de: elcomoderense.net

Pero a lo que quiero llegar es que el artista no aprende a valorar lo sencillo hasta que cambia la rutina, hasta que su vida se vuelve caótica.Pero la diferencia entre un actor principal y nosotros los co-protagonistas es que en algún momento la fama termina con mayor velocidad para nosotros, y en ese momento en el que termine la película en la que estamos viviendo, todos aprenderemos a valorar con mayor intensidad los instantes rutinarios que teníamos antes, seremos más sensibles ante el contacto humano,porque aprendimos a extrañar con sinceridad, obligados en ocasiones por la más oscura soledad. Aprenderemos a apreciar los lugares a los que no hemos podido regresar, los admiraremos y los contemplaremos como Virginia Woolf describe Londres en algunos de sus libros, veremos el mundo con otros ojos porque reflexionamos tanto en nosotros al estar aislados que nos dimos cuenta lo que nos hace falta hacer en la vida; nos reuniremos en familia con tal emoción que por fin conviviremos sinceramente y los colores,olores y sonidos de nuestra vida diaria ya no sólo serán esas palabras insignificantes, quizás aprendamos a admirarlas como un cuadro de Vincent Van Gogh,una canción de Beethoven y sin duda esas partículas de aroma le darán esencia a cualquier hecho en la vida, ya que la vida no se merece menos, así no ganemos un Òscar después de terminar la película y estar en cartelera más de 5 meses, ser co-protagonistas si nos enseñó muchas cosas. 

Todo tiempo pasado fue mejor

“Quédate en casa”, tu luz te lo agradecerá por siempre.

Autor: Mauricio Rusinque

Twitter: @MauroRusinque
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Esta frase que siempre dicen nuestros ancestros cada vez que algo no se puede hacer, ahora, en pandemia, se hace más cierta, “Éramos felices y no lo sabíamos”, dicen en las redes colocando imágenes de personas abrazados, caminando por la calle tomadas de las manos, comiendo empanada en el centro de Bogotá junto a todos los trabajadores que salían a hacer lo mismo, éramos felices y dejamos que todo eso se nos fuera.

Cuando era pequeño veía a mi padre como un súper héroe que llegaba a la casa con pollito frito porque le había ido bien en sus misiones, mamá y papá se veían felices siempre, el dinero nunca fue problema, según recuerdo, el iniciar una familia fue difícil, pero a medida que pasaban los años teníamos una casa propia que mi papá fue pagando poco a poco;  cuando logramos tener un techo sobre nuestras cabezas, la meta fue poder tener con que transportarnos sin necesidad de montar nuevamente en buseta, mi madre cargaba 4 niños, yo en brazos y los demás separados por un año cada uno ya caminando, pero íbamos por toda la buseta de un lado a otro buscando el mejor puesto para que cuando nos bajáramos estuviéramos cerca a la puerta trasera y que mi mamá no sufriera en el momento de llegar al paradero; no pasó mucho tiempo cuando mi papa llegó a la casa con su primer carro, llego a casa sin saber manejar, recordando lo que hacían sus amigos cuando ellos manejaban: “Meta esto, dele a la palanca de cambios, acelere” y así logró llegar a la casa, años después fue un Fitipaldi al volante. 

Siempre que llegaba el final del año mi padre había logrado ahorrar una plática para que fuéramos a San Andrés a pasar vacaciones como premio a todo el trabajo del colegio, o eso pensaba yo, íbamos por 4 o 5 días que para mí eran como meses en esa isla, comíamos pescado, íbamos al hoyo soplador, nos hospedábamos en un súper hotel llamado “Calipso”, teníamos todo;  mis hermanos, mi madre y mi padre siempre viajábamos juntos a conocer cada parte de San Andrés y providencia; fueron años que nunca se me van a olvidar. 

Llegaron los momentos de entrar a la universidad, uno por uno fuimos saliendo del colegio a la realidad de la vida, pero ahí estaba mi papá y mi mamá siempre ayudándonos, también había para el estudio profesional y fue más fácil así, debíamos comprometernos a pasar cada semestre para ser alguien en la vida, o así lo pensábamos nosotros, creo que mis padres solo pensaban en hacernos felices y que nada nos faltara.

Hoy, ya somos padres y esos años solo quedaron como recuerdos que posiblemente ya no vuelvan. Vamos a ver a mis padres cada vez que podemos y ahora son los héroes de nuestros hijos, mi padre es el papá Noel de muchos de sus nietos, mi madre es la mejor de las abuelas alcahueteando comidas, postres y juegos que a nosotros no nos dejaban ni hacer.  Ahora uno se sienta a pensar que en esa época era mi papá el que traía el dinero a la casa y siempre alcanzaba para todo, hasta ahorraban para pasarla bien, mi madre era ama de casa, pero era la que administraba, así que era un equipo perfecto.  

¿En qué momento todo cambió?, ¿en qué momento el dinero dejó de alcanzar? Uno tiene un solo hijo, trabaja mamá y papá y se quedan cortos cuando termina el mes, las empresas ya no pagan ni siquiera las ayudas para cuidarse, los descuentos que se dan para que uno intente legar a pensionarse son enormes frente a un sueldo que no alcanza para nada.  Mis abuelos se pensionaron y eso fue hace como 40 años, la lograron, pero ahora para pensionarse debe uno tener como 70 años y 1200 semanas cotizadas que es más que toda una vida para estar tranquilo en la vejez; eso se ve tan lejos que ya piensa uno en qué más hacer para durar un poco más para sus hijos. 

Todo tiempo pasado fue mejor y no lo sabíamos, ahora estamos en pandemia, las empresas están cerrando, el comercio se está acabando, el dinero alcanza cada vez menos y la esperanza en algunos momentos se pierde; hasta que ves una luz que dice que debemos seguir y no desistir, la luz de la familia, esa que viajó contigo a conocer un hoyo que sopla en la tierra, esa familia que te vio caer de la bicicleta con rueditas para sostenerte, la luz de esos hermanos que nunca te dejan solo, la luz de esos padres que se quedan en casa para que tú puedas disfrutarlos un poco más y que sigan siendo tus héroes, esa luz debemos cuidarla para que nuestros hijos puedan decir un día: “Todo tiempo pasado junto a mis padres fue el mejor”.

“Quédate en casa”, tu luz te lo agradecerá por siempre.

Represiones en Nicaragua, un espejo más en Latinoamérica

¿Es acaso este hostigamiento agresivo una forma de demostrar poder?, ¿es posible generar política sin divisiones?

Autor: Luis Carlos Santos Vargas

Instagram: @luis_carlosvargas
Twitter: @luis_carlosva

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

En medio de un panorama angustioso y dividido se encuentra en este momento el país centroamericano, desde una visión alejada de los hechos se llegan a concluir grandes injusticias que hoy en día llaman mucho la atención de los medios internacionales, y es que muchos llegan a opinar que en medio de esta pandemia las decisiones políticas son las que hoy en día han tomado protagonismo en los noticieros diarios de los países latinoamericanos, no existe una noticia amable que señale alguna buena decisión tomada en medio de esta crisis que cada día empeora más las realidades de unos países empobrecidos por sus gobiernos 

Nicaragua es otro de los tantos países latinoamericanos que ha decidido alzar la voz, que se ha puesto en pie de lucha, en defensa de sus derechos, de sus libertades, de su justicia y de sus opiniones; ha sido un pueblo azotado por regímenes que solo han dejado desolación, inequidad pobreza y angustia entre sus habitantes. La lucha no ha sido de uno o dos años atrás, la lucha viene casi desde 1960 donde empieza un movimiento guerrillero marxista leninista e inspirado por la revolución cubana, el cual pretende instaurar sus pensamientos e ideales en busca de un mejor país para todos, ideas que claramente se ven reflejadas en represión, abusos, maltratos, señalamientos, injusticias y revoluciones que en muchos casos suelen llegar a favorecer a unos pocos.

La iglesia católica como estamento revolucionario en la humanidad no se queda atrás en un país como Nicaragua, donde su gran influencia religiosa ha permitido generar en cierta medida grandes revoluciones históricas que han trascendido por el todo el país de una forma transversal, ya que gracias a las opiniones personales de sus líderes religiosos revolucionarios han generado un estrecho vínculo entre ambos poderes populares, generando así grandes heridas tradicionalistas que en cierta medida generan grupos imaginarios de ideales político-religiosos, que permiten a la población escoger  de qué  lado quieren estar.

Tomado de: larazon.es

Hace alrededor de dos años se iniciaron unas protestas en contra del gobierno del actual presidente Ortega, donde se señalaron las diversas inequidades que este gobierno ha generado en el país, en medio de esto la iglesia católica mostro su posición política a favor del pueblo y en defensa de aquellos revolucionarios que han salido heridos durante los excesos de autoridad y fuerza, además también señalaron que existe una violación en los derechos de los manifestantes, esta posición reabre aquella brecha sectorial que se infundo en años anteriores, desatando así una ola de ataques terroristas, violentos y  profanadores en contra de cualquier persona, lugar o establecimiento que este a favor de los ideales de la iglesia católica dentro de ese país.

Tomado de: tvn-2.com

¿Es acaso este hostigamiento agresivo una forma de demostrar poder?, ¿es posible generar política sin divisiones?, ¿cree usted que la iglesia católica no debe intervenir en asuntos políticos?, ¿una dictadura formaliza una expresión de justicia y equidad en la actualidad? Son estas algunas de las tantas preguntas que pueden generalizarse en medio de esta situación; teniendo en cuenta que es una realidad que en Latinoamérica es constante, se escucha todos los días y aun muchos nos preguntamos qué es lo mejor que podemos hacer con estos gobiernos que solo buscan la ingenuidad de sus pueblos para incrustarse en ellos como oro puro, pero que terminan siendo un disfraz de cobre corrosivo y duro.

Héroes enmascarados

Todos compartimos una parte de la responsabilidad y si muchos no tienen la oportunidad de informarse de forma adecuada, hay otros que sí.

Autor: David Bernardo Castro Pierce

Twitter: @MrBernardPierce
Instagram: @bernardo_pierce
Facebook: David Bernardo Castro Pierce

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal

Sin duda el 2020 ha estado lleno de sorpresas, unas menos gratas que otras. “Es un poco más que un resfriado”, se decía. Comienza en oriente, se va de tour por el mundo y termina por hacerse invitado especial en cada nación del mundo. La preocupación, clase mundial. Algunos más conscientes que otros. Se toman medidas, la gente a sus casas y los que no, con mascarillas. Y por supuesto, las especulaciones no se hacen esperar:

¿Usar o no usar cubrebocas?, ¿me protege realmente?, ¿qué sentido tiene usar uno de tela si no me protege como uno profesional?

Tomado de: forbes.com.mx

Ante la increíble demanda, los cubrebocas se agotaron con una velocidad abismal, y además, se estableció al sector salud como prioridad de manera global. Resultados: Alza de precios en equipos de protección, millones de personas desprotegidas y un sentimiento de muerte inminente para más de uno. Pero, por supuesto, la necesidad es la madre de la inventiva. Los cubrebocas caseros no se hicieron esperar y comenzó su uso indiscriminado en toda la población. Mucho se especula acerca de esto, pero la ciencia ya tiene su respuesta. De acuerdo al artículo de Eikenberry et al. (2020), se estableció una importante disminución en la cantidad de contagios en poblaciones donde el uso generalizado de las mascarillas disminuye de manera importante la incidencia de infección por virus SARS CoV-2, acompañado de medidas de distanciamiento social e higiene personal; incluso si no son de buena calidad como es la situación de los cubrebocas caseros, también representan un impacto significativo en la reducción de los casos, tal como lo señalan Konda et al (2020). Y no son los únicos que lo dictaminan de esta forma. 

En los artículos de Greenhalgh et al. (2020) y Střížová et al. (2020) narran el impacto radical del uso de cubrebocas y, a pesar de coincidir en que la protección propia es muy limitada, la protección al prójimo es el punto fuerte de su uso, al sugerir que gran parte de los aerosoles emitidos por nariz y boca se quedan únicamente en nuestro rostro y no en otras personas o superficies, disminuyendo la carga viral que se expone al ambiente, y por ende, reduce la cantidad de casos nuevos. Así como éstos, existen muchos otros artículos de revistas de alto prestigio como NEJM que sugieren el uso del cubrebocas como una medida esencial para disminuir los contagios.

Tomado de: latimes.com

Entonces, ¿Por qué existe resistencia si hay evidencia?

Las respuestas son variadas, desde incomodidad personal hasta líderes sociales que se niegan a usarlo, y esta última cuestión tiene un gran peso en México.

Diversos miembros del gabinete de gobierno aparecen en actos públicos, no sólo sin usar cubrebocas, sino dando aseveraciones sin fundamento, como fue el caso de Olga Sánchez Cordero, titular de la Secretaría de Gobernación, que mencionó no necesitar la famosa mascarilla porque ella estaba “blindada contra el virus” porque tomaba “gotas de nanomoléculas” o del mismo presidente López Obrador, exclamando que no usaría cubrebocas porque “aún no estaba científicamente comprobado”. Un principio básico: poner el ejemplo y esperar la repetición, hablar claro y esperar comprensión. La irresponsabilidad de los representantes públicos refuerza la determinación de aquellos que buscaban una sola excusa para no usar la mínima protección y de quienes que, desafortunadamente, no cuentan con el mismo acceso a otras fuentes de información o a la obtención de equipo de protección.

Tomado de: eluniversal.com

Es fascinante ver como un simple artefacto abarca trasfondos científicos, morales y políticos, creando un reflejo de la demostración de empatía, la responsabilidad social y la búsqueda del bien común. Cada vez es más notable que los actos de unos condenan a otros y que cada acción, por pequeña que parezca, trasciende de manera innegable. Todos compartimos una parte de la responsabilidad y si muchos no tienen la oportunidad de informarse de forma adecuada, hay otros que sí. 

Podemos darle un giro a las cosas, pero eso depende de nosotros.

“Uribelstinski”

“Todos te recordarán, para bien o para mal, serás el más famoso líder que ha tenido este lugar, ¿quieres dejarlo ahora?”

Autor: Mauricio Rusinque

Twitter: @MauroRusinque
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*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

Érase una vez un duendecillo que al ser nombrado tres veces cumplía los deseos que tu quisieras, firmabas un contrato con él para hacerlos realidad, pero para cada deseo tendrías que entregar algo significativo para ti. Para romper dicho contrato debías adivinar el día de su nacimiento, día que solo conocía su madre terrenal. Una noche, él caminaba por el bosque de los sueños encantados y vio pasar a un hombre que parecía no tener nada en su vida, era un simple ciudadano de una ciudad que había dejado atrás, alguien sin pasado, sin presente y con un futuro incierto. El duendecillo se le acercó, se colocó al lado de su pierna y le dijo: “Te concedo todos los deseos que quieras si adivinas que me llamo Uribelstinski”.

El ciudadano estaba desconcertado, no supo qué decir, con la boca abierta le respondió que no sabía su nombre, que mejor le entregará esos deseos a alguien más, el duendecillo lo miró con cara de decepción y le repitió: “ Te concedo todo lo que quieras, dinero, poder, lo que quieras si adivinas que me llamo Uribelstinski”. El ciudadano lo miró y le dijo: “Creo saber lo que quieres” Uribelstinski se emocionó, “Quieres que yo me vuelva tu esclavo” le dijo, a lo que el duendecillo le contestó: “Tienes la oportunidad de ser lo que nunca fuiste, di mi nombre tres veces y serás lo que nunca podrás ser”. El ciudadano se quedó pensando, si lo decía podría ser algo que jamás llegaría a ser, pero y si no lo decía, ¿por qué este duende insistía tanto en cumplirle algo que jamás pidió?

“No quiero, quiero seguir siendo un nadie en este camino, nadie me percibe, nadie me ve, nadie sabe que existo, es más importante un nadie. El duende cansado decidió seguir su destino, dejándolo solo, cuando iba a lo lejos el ciudadano lo llamó por su nombre: “Uribelstinski”, el duende se detuvo, volvió a retumbar “Uribelstinski” y por tercera vez sonó su nombre, el duende tomó una forma gigantesca en la que le dijo al ciudadano: “¿Quieres ser lo que nunca llegarás a ser?”, el ciudadano le respondió que sí, convirtiéndolo en mandatario de su propio terreno; le creo un país que él pudiera manejar a su antojo, sin problemas, un país donde el ciudadano pudiera comportarse como lo que él había sido, un nadie;  el duende al hacer realidad su deseo le dijo que debía pagarlo, el pago fue una esposa que le quitaría su tranquilidad, una esposa que lo acompañaría por el resto de sus días vestida con trajes que parecían de diseñador pero al verlos sus iguales solo verían papel y cartón.  Así pasaron los años, cada cosa que pedía el ciudadano, el duende le quitaba o le colocaba algo para hacer su vida una tragedia.  

Le pidió vivir en un palacio en el centro de su país, el duende se lo concedió pero le quitó la posibilidad de hablar claramente, le pidió tener credibilidad frente a su pueblo, el duende le dio una pandemia a su pueblo, le pidió manejar bien a su pueblo en pandemia, el duende le quitó la credibilidad de su pueblo, creándole  poco a poco, decepción, tristeza, melancolía de la vida que llevaba como primer mandatario. Un día el ciudadano se acercó al duende y le dijo: “Ya no quiero más, estoy cansado, quiero volver a ser nadie”, el duende le contestó: “Todos te recordarán, para bien o para mal, serás el más famoso líder que ha tenido este lugar, ¿quieres dejarlo ahora?”. El ciudadano en ese momento entendió lo que el duendecillo quiso desde el inicio, y le dijo al oído: “Naciste el 4 de Julio”, el duende lo miró con ojos enormes, se empezó a retorcer en sus propios deseos, volviendo al día en el que el ciudadano caminaba tranquilo sin preocupaciones siendo un nadie, el duende le volvió a preguntar: “¿Quieres que te conceda unos deseos?”, el ciudadano respondió: “Ya vi tus planes, ahora haré lo que debí hacer desde el inicio…, vuélveme más poderoso que tú”.  

Uribelstinski enfermó ese día…

¿Hasta cuándo? Líderes y lideresas sociales en el olvido

La cantidad de asesinatos a líderes y a lideresas sociales es alarmante y muestra el horror de la persistencia de la violencia en nuestro país y la debilidad de la respuesta estatal ante las agresiones a las comunidades en medio de la pandemia.

Autor: Jhonatan Alzate

Instagram: @jhona.alzate

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

La violencia en Colombia data de viejas épocas y adquiere diferentes tintes dependiendo del período específico en el que se analice. No obstante, existe cierta etapa que no solo es considerada una de las más difíciles en la historia del país, sino que, además, se ha extendido hasta la actualidad: el conflicto armado interno, que con base en el informe “¡Basta Ya!: Colombia: memorias de guerra y dignidad” presentado por el Centro Nacional de Memoria histórica, se podría afirmar que desde 1958 hasta el 2012, se presentaron, a causa de este conflicto, 220.000 muertos de los cuales el 81% de ellos fueron civiles. A su vez, en ese mismo lapso, se reportaron aproximadamente 25.000 casos de desaparición forzada, 27.000 casos de secuestro, 4,7 millones de personas afectadas por el desplazamiento forzado y por otra serie de hechos atroces como la violencia sexual y el reclutamiento ilícito, entre otras, que sumadas dejan la terrible cifra de aproximadamente 8.376.463 víctimas producto del conflicto armado.

Tomado de: eltiempo.com

Una de las poblaciones más afectadas por el conflicto armado interno es la de los líderes y las lideresas sociales, esto en tanto, ellos se tornan blancos estratégicos de grupos beligerantes, quienes, entre sus principales objetivos, buscan doblegar a las comunidades acabando bien sea con las cabezas de las colectividades o con las personas que defienden a las mismas, es decir, los líderes y las lideresas sociales. Lo anterior genera un debilitamiento de los lazos creados en dichas comunidades y deja un vacío difícil de llenar. 

Las cifras son aterradoras: según el informe sobre homicidios de líderes y defensores de derechos humanos en Colombia, presentado por el Instituto de estudios para el desarrollo y la Paz (Indepaz), desde que se suscribió el acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC–EP hasta el 15 de julio de 2020, han sido asesinados, en Colombia, 971 líderes sociales y defensores de derechos humanos. La anterior cifra es tan alta que, de acuerdo con el informe presentado por el relator especial sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, Michel Forst, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Colombia es el país de América Latina con más asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos.

Tomado de: elcolombiano.com

A pesar de las cifras tan alarmantes, pareciera que la mayoría de ciudadanos no tienen conciencia de los alcances de la guerra interna en Colombia, ni de cuán difícil es la situación que viven los líderes sociales y los defensores de derechos humanos en nuestro país. Incluso el presidente de la República, Iván Duque, pareciera no tener conocimiento pleno de lo que experimentan sus conciudadanos en su propio territorio, pues en el discurso que brindó el pasado 20 de julio, aseveró textualmente: “Hemos reducido la tasa de homicidios a nuestros líderes sociales, que comparado con el periodo 2016-2018 lleva una reducción del 25%”.

Sin embargo, y con base en los registros brindados por Indepaz, tal afirmación carece de certeza, ya que en lo corrido del gobierno Duque en comparación con igual periodo del gobierno Santos, no se ha reducido el número de muertes de líderes sociales en un 25%, al contrario, se ha presentado un aumento del 30.5%: el asesinato de líderes sociales del 7 de agosto de 2018 al 20 de julio de 2020 bajo el Gobierno de Iván Duque Márquez arrojó una cifra de 572 asesinatos; mientras que, durante el mismo periodo al final del gobierno de Juan Manuel Santos Calderón, se registraron 438 asesinatos y, si bien esta última cifra no es menos infame e inquietante, sí contradice claramente lo expuesto por el presidente Duque el pasado 20 de julio.

Tomado de: dejusticia.org

Ahora bien, resulta de igual modo preocupante el hecho de que en tiempos de pandemia la violencia hacia los líderes sociales no ha cesado porque, desde el 6 de marzo (fecha en que se registró el primer caso de covid-19 en Colombia), al 15 de julio, han sido asesinados 95 líderes sociales y defensores de derechos humanos en el país.

El llamado, como siempre, es a la sensatez, al respeto y a la empatía. La cantidad de asesinatos a líderes y a lideresas sociales es alarmante y muestra el horror de la persistencia de la violencia en nuestro país y la debilidad de la respuesta estatal ante las agresiones a las comunidades en medio de la pandemia. El resultado de las políticas implementadas hasta ahora ha sido desastroso y el Gobierno Nacional, en cabeza del Presidente Iván Duque, debería dejar de brindar cifras mentirosas y entender que es inaceptable el uso de un lenguaje complaciente ante los efectos de políticas inútiles que fallan en prevención, contención y no impunidad de los autores de los delitos. 

Empleo informal de México: un día en pandemia

Se lavan las manos, tiran el cubrebocas desechable y la cena se convierte en el único momento de distracción. Pero incluso si las medidas para cuidarse y cuidar a los demás las cumplen al pie de la letra, la incertidumbre prevalece y no los dejará descansar.

Autora: Cristina Celeste León Aquino

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*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente de la autora y no representan la línea editorial del portal web.

*Los nombres en estos testimonios fueron cambiados para proteger la identidad de los entrevistados*

Fuera hay una pandemia y aún así hay quienes deben salir de su zona segura pues el trabajo se los exige. En la mesa se encuentra el café tibio, galletas y un almuerzo en el que los frijoles son los protagonistas; como postre la incertidumbre y el pensamiento: “Ya quiero que esto acabe”. Así comienzan cada mañana las personas trabajadoras con ocupación informal en México, que constituye el 51.8 % de la población que cuenta con empleo.

La mañana

Con la llegada de la pandemia por COVID-19 en febrero y las recomendaciones de quedarse en casa para contener la propagación del coronavirus, en la ciudad de Misantla del estado de Veracruz, en una casa de dos habitaciones y un solo baño viven 6 personas cuyo sustento es la albañilería y la venta de cosas por catálogo.

Don Luis cumplió 48 años a inicios de marzo de este año, ha sido albañil toda su vida, solo estudió hasta la secundaria, pero ha sacado adelante a su familia a golpes de mazo, dedos rotos y días con insolación. A esta edad las arrugas en las comisuras de los ojos se hacen cada vez más notables y la piel quemada por el sol ya no es tan clara como en su juventud.

A las 7:30 desayuna y a las 8:00 se va a trabajar, no puede “darse ese lujo” de quedarse en casa como suele decir, porque de algo hay que comer. Frente a él, calentando las tortillas como cada mañana se encuentra doña Mary, su esposa, quien organiza su mente y las actividades que hará durante el día. Ella tiene 46, sus canas cada día resaltan más entre su cabello negro, con promedio casi de 10 acabó la preparatoria a los 18, pero por parte de su familia no hubo más dinero ni apoyo para seguir estudiando. Ahora vende zapatos por catálogo, corta el cabello en las tardes y hace tandas con los vecinos para ahorrar, para comer, para vivir. Los dos son padres de 3 hijas, las 2 menores van en la primaria, la mayor está por egresar de la universidad y su único hijo varón acaba de iniciarla.

Los hijos mayores que cursan la universidad fuera de su ciudad natal han tenido que regresar a casa donde ya no hay espacio para ellos, pues para mantener sus estudios la familia renta la mitad de su hogar desde hace tres años y por eso hay una cama en lo que antes era el comedor y una habitación improvisada con cortinas en lo que solía ser una sala.

A las 9:00 comienzan las labores. La hija mayor hace las compras, cobra las tandas y va al mercado para que su madre, con principios de anemia, no salga; ya sea fin de semana o vacaciones, en esta casa el tiempo no se detiene, todos los días hay movimiento.

Cada integrante de esta familia aporta su granito de arena para apoyar el negocio familiar, venden helados. El hijo mayor aborda un triciclo, y el ayudante (hermano de doña Mary) conduce una camioneta, cada uno planea su ruta a las 12 del día para salir a recorrer las colonias de la ciudad con una melodía que los distingue. En medio de la contingencia sanitaria, el cubrebocas y una botella de gel se vuelven las únicas armas para no contagiarse. La carga de no tener sueldos fijos ni seguro médico la llevan todos.

Hasta el cuarto trimestre del 2019, del total de la población en edad de trabajar (de 15 y más años), 60.4% era económicamente activa y de este grupo de población, 96.6% (55.6 millones) tenía un empleo según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.

Pero para mayo del 2020, menos de la mitad de la población en edad de trabajar (el 47.4%), es económicamente activa, según la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), y de este grupo la población ocupada (con empleos formales e informales) abarca el 45.5%.

Además del aumento de decesos en cada entidad federativa de México por causa del COVID-19, los empleos formales (con prestaciones, seguro social, etc.) han disminuido. Esto ha provocado el incremento de personas con empleos informales tales como vendedores ambulantes, puestos de comida, obreros, entre otros. Este grupo poblacional, labora en condiciones precarias, y con sueldos a veces más bajos que el mínimo establecido. 

El 34.3% de los ocupados en el sector formal tienen secundaria o un menor nivel de escolaridad. | Foto: AFP

La tarde

La comida está hecha a las 2 de la tarde. Aquí al menos han corrido con la suerte de tener trabajo en medio de la crisis. Misantla es una ciudad recóndita entre la sierra de Xalapa y la costa de Nautla, y el sol está a todo lo que da, no hay nubes. A las 3 don Luis va de regreso al trabajo. A las 4 doña Mary sube la cortina de metal y espera sus clientes, claro, con un cubre bocas y una botella de gel en la entrada. 

Después del trabajo las tareas escolares deben realizarse, o en los ratos libres, porque el estudio es importante si no quieren trabajar de sol a sol, o si quieren encontrar un trabajo en el que sí tengan vacaciones “no como nosotros”, aconseja don Luis a sus hijos los mayores, a pesar de que en estos momentos la incertidumbre de encontrar un trabajo con remuneración justa al egresar los acose cada día. 

Hasta mayo de 2020 el 51.8% de la población total ocupada pertenecía a la ocupación informal, según el “Comunicado De Prensa Núm. 291/20 30 de junio de 2020” del INEGI, es decir, poco más de la mitad no tiene empleos con sueldos fijos, prestaciones, vacaciones, días de descanso, ni seguro social. 

En el empleo informal se incluye a quienes laboran en unidades económicas no agropecuarias, no constituidas como empresas y que no cumplen con registros básicos de proveedores de bienes y servicios, pero también a quienes, a pesar de estar fuera del sector informal, presentan condiciones laborales consideradas informales como el autoempleo en la agricultura, la no remuneración, o carencia de seguridad social. 

La familia de don Luis se encuentra en el grupo poblacional con mayor vulnerabilidad económica, debido a sus condiciones laborales desiguales, y ahora que acontece la crisis sanitaria causada por la COVID-19, el esfuerzo por mantener a la familia a flote es mayor. El miedo de que alguno de sus hijos se contagie se suma a la preocupación de los gastos que esto provocaría. 

Tomada de: nytimes.com

La noche

El día acaba y de regreso a casa o al cerrar el negocio a las 8 de la noche, el pensamiento de las veces que hubo contacto físico con otras personas aleja cada vez más a la aparente tranquilidad que antes tuvieron. Esta pandemia es una raya más al tigre de preocupaciones que siempre han tenido que sobrellevar. Se lavan las manos, tiran el cubrebocas desechable y la cena se convierte en el único momento de distracción. Pero incluso si las medidas para cuidarse y cuidar a los demás las cumplen al pie de la letra, la incertidumbre prevalece y no los dejará descansar. 

Las medidas para mitigar los contagios de COVID-19, como la paralización de labores económicas no esenciales y el confinamiento, son un privilegio de quienes desde el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia en marzo han tenido la posibilidad de trabajar desde casa o la solvencia económica para que solo una persona por familia pueda salir a conseguir los víveres para cada una o dos semanas. 

Pero la realidad de los 22.6 millones de mexicanos que se mantienen a base de empleos informales, limpiando las calles, pepenando la basura, vendiendo antojitos, como obreros de construcción, como empleados de negocios pequeños, etc.,  es que viven en condiciones que favorecen la desigualdad  y la exclusión, y así como la familia de don Luis o peor, transcurre un día para ellos durante esta pandemia.