Nayib Bukele: El Salvador resurge del olvido

El Salvador resurge del polvo del olvido de la mano de Nayib Bukele, quien continúa perfilándose como potencia social de América Latina.

Autor: Sebastián Narváez Medina

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*As opiniões apresentadas nesta coluna são exclusivamente do autor e não representam a linha editorial do portal.

El Salvador, un pequeño y cómodo país centroamericano que carecía de relevancia en el escenario político internacional, resurge del polvo del olvido de la mano de Nayib Bukele, quien continúa perfilándose como potencia social de América Latina. 

Si hay algo que no elogio de Bukele, debo anticipar, es su infame admiración por Andrés Manuel López Obrador, un genocida dictador. No obstante, me deslumbro ante la gallardía del joven presidente, quien acabó con una hegemonía política de 30 años y ha demostrado desenvolverse en el cargo mejor que cualquiera. Al proponer y ejecutar un plan nacional en contra de la violencia y la corrupción, varios vejestorios políticos se han visto directamente afectados, y algunos hasta condenados al infierno por sus delitos. Como era de esperarse, el garbo de Nayib no ha caído bien entre quienes se amparan en el festín de la corrupción. Han intentado sabotear su fajín hasta dejarlo sin pantalones, empero, los tiene bien ajustados y sigue dando pasos irrebatibles a pesar del chantaje de las demás ramas del poder.

La estrategia bandera de Bukele para acabar con la violencia en el país con la tasa más alta de asesinatos en el continente es ganadora. Generar empleo apalancado en la inversión norteamericana, reduciendo la desigualdad, desmantelando a las mafias y aminorando el tránsito de migrantes hacia los Estados Unidos. Más allá de su estrategia, el presidente de los salvadoreños no está dispuesto a oficializar el poder de facto que mantienen bandas criminales como MS-19. Esta es una idea mirífica, ojalá fuese también entretenida por quienes cabalgan los nobeles de la paz. El progreso económico y social de ningún país puede ser producto de la impunidad de algunos desgraciados; de lo contrario sólo produce más desangramiento social y polarización. Incluso, desencadena el establecimiento de más bandas criminales pretenciosas de ser absueltas por algún gobierno de turno. Claro esto, al césar lo que es del césar, empleo para el desfavorecido y jaula para el hampón. 

Tomado de: Solonoticias.com

La gestión de Bukele es tan auténtica y favorable para la nación, que despierta todo tipo de envidias entre sus contrincantes políticos. En febrero del 2020 recibió una vil puñalada por parte del parlamento salvadoreño, el cual no aprobó un plan de 109 millones de dólares para combatir la violencia, a falta de suficiente quórum. Este proceder dejó en evidencia la ley del darwinismo político que abunda en El Salvador: Si no es para mí, no es para nadie. De haber aprobado el financiamiento para los planes de Bukele, le habrían otorgado una victoria que ningún jefe de estado ha conseguido en la historia del país: una preeminencia en cuanto a su imagen favorable. No estaban dispuestos a asumir el costo de supremacía y cambiar a El Salvador para bien; a estos cacos de escritorio sólo les importa figurar en la foto y la firma para alimentar su poder. Para la sorpresa de muchos a la salida del parlamento el pueblo, en espera de su presidente, se manifestaba indignado, pero exultando los planes de su elegido y con avidez de seguir.

Las hostilidades en contra de Nayib Bukele por parte de las ramas del poder no terminan allí. Durante la segunda semana de abril, en pleno colapso sanitario por la situación mundial, la Corte Suprema de Justicia de El Salvador emitió un fallo en el que anula algunas de las medidas tomadas por la presidencia para preservar la vida de los ciudadanos. Dicho fallo le otorga estas facultades al legislativo para que sean los parlamentarios, enemigos de Bukele, quienes hicieran las reformas constitucionales necesarias durante la cuarentena. A la lista de presidentes genocidas de América Latina, se suma ahora la Corte Suprema de Justicia de El Salvador. Más que preservar la carta magna, burlan el principio de la vida y la obligación del ejecutivo por resguardar a sus electores. Una emergencia de esta magnitud no da tregua, no deberían morir miles de salvadoreños por la negligencia e ineptitud de un sistema judicial que nunca ha sido efectivo ¿Por qué habría de serlo ahora? Bukele fue el primer presidente de la región en tomar medidas contundentes, ofrecer asistencia económica para los afectados, enfrentar a los empresarios y dar ejemplo de liderazgo. 

Tomado de: Elsalvadortimes.com

Tanto así, que, tomando un riesgo muy alto, el presidente de El Salvador ha sido enfático en decir que las medidas continúan y que no acatará tal fallo judicial. Muchos, meditabundos y alarmados por el golpe a la legitimidad institucional, le sacan ventaja a la percepción de desacato para hundir a un valiente adalid, Nayib Bukele. No se equivoca el presidente, la institucionalidad carece de valor cuando no prima el bien común, especialmente si esta muestra ansias de protagonismo. El pueblo de El Salvador no solo lo eligió, sino que es digno de reclamar lo que le corresponde, la protección del Estado ante la pandemia, y ahora ante los genocidas de la Corte Suprema de Justicia. De tener en mis manos la salvación de tantas vidas humanas, también actuaría con terquedad y secuestraría a las demás ramas corruptas del poder; de cualquier forma, esa es la corrupta y falsa democracia, Winston Churchill estaría de acuerdo conmigo. No hay fallo de la corte que valga, que se mantenga la cuarentena obligatoria con o sin ley, es de alguien que está dispuesto a un juicio político por defender la vida, saquen ustedes sus conclusiones.

Nayib Bukele ha llegado en poco tiempo a lo más alto de la política de América Latina, dictando cátedra de liderazgo y exhibiendo una gestión presidencial excepcional. No es bien recibido por los políticos tradicionales, pero sí por su pueblo. Los nuevos procesos políticos implican ganarse el corazón de los denominados millenials y Bukele ha sido el primero en entenderlo, sin necesidad de apelar a discursos caudillistas o populistas. Esta semilla que hoy se siembra en El Salvador, debe germinar por los diferentes pueblos de América Latina, tal vez así nos dejamos de tanto tradicionalismo que solo nos destruye a beneficio de pocos. Me ilusiono con que el presidente Nayib Bukele no baje la guardia y siga haciendo buen uso de un liderazgo y protagonismo que emana con naturalidad, un pastor que abre las aguas para el paso del progreso y la regeneración del sistema.  

Una depresión posible

El comportamiento del virus junto con las decisiones hasta ahora tomadas por los gobernantes son los que causarán la posible, pero no deseable, depresión.

Autor: Aldumar Forero Orjuela

*Las opiniones presentadas en esta columna son exclusivamente del autor y no representan la línea editorial del portal web.

“El escribir es un arte” dirán algunas personas, otras dirán que es un talento, seguramente muchas otras expondrán que es una técnica que hay que ir mejorándola y más debido a que habemos quienes tomamos una pluma para imprimir en unas hojas nuestro análisis. Yo estoy de acuerdo con las anteriores opiniones y evaluaciones, pero añadiría otra que es muy fundamental y que es la razón de ser de un “escritor” de opinión: el escribir –  así como la adquisición de un poder – conlleva una gran responsabilidad. No es una metáfora solamente, sino que es así; no podemos escribir haciendo honor a la mentira o creando caos.

Por eso creo , con base a lo que está pasando por el COVID-19 en el mundo y sus consecuencias inminentes, que los efectos negativos no solo será para el sistema de salud únicamente, el aparato económico del mundo está en riesgo así esta pandemia termine en un corto plazo. Me refiero a que la humanidad puede experimentar algo más que una recesión fuerte de la economía, una depresión igual e incluso peor que la registrada en los años 30 del siglo pasado. Es una mala noticia, sin duda, por eso estas deben darse primero para que tengan el menor “dolor” posible. Quiero pensar que estoy equivocado en lo que digo, pero debemos estar preparados. Un fenómeno como estos haría sufrir a mucha gente y hay que evitarlo.

¿Por qué digo que el mundo podría experimentar una depresión gigantesca? La respuesta está, primero, en cómo el virus chino seguirá entre nosotros y segundo, en las decisiones que tomen los gobiernos para combatirlos. El virus por sí solo no desaparecerá de entre en medio de nosotros, un enemigo invisible e implacable es más difícil enfrentarlo y darle de baja que uno que tenemos al frente y en las mismas condiciones. Por su parte, los gobiernos de la tierra tienen que tomar decisiones para enfrentar al virus. Entonces el comportamiento del virus junto con las decisiones hasta ahora tomadas por los gobernantes son los que causarán la posible, pero no deseable, depresión.

Cuando hablamos de depresiones económicas (a parte de los fenómenos económicos que la causan) existen las consecuencias; por eso hablaré primero de ellas en el sentido de los países desarrollados y subdesarrollados. Que quiero decir con esto. Nada más que son los países “potencias” del mundo los que sufrirán en mayor medida los coletazos de la depresión; los países subdesarrollados también, pero en menor medida ya que son los que podrían controlar su economía. Recordemos a países como Colombia ante el crack de los 30 en EEUU; por supuesto quedó afectada pero no devastada, como resultaron los norteamericanos y los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial. No quiero ser “ave de mal agüero” expresando una posible crisis mundial de la economía.


Tomado de: Alto Nivel

Ahora bien, ¿por qué una depresión es posible ahora? Los efectos del coronavirus en la producción y en el mercado financiero, por un lado, los estamos percibiendo durante la pandemia y segundo, que después de ésta, persistirá y aún peor. Producto de las <<cuarentenas>> nadie está abriendo sus negocios, ni las industrias producen, lo que resulta en una disminución en el consumo, esto es, las personas – el pueblo – van a tener menos poder adquisitivo y como un círculo vicioso las empresas no podrán producir nuevos productos porque nadie se los compra, pues no hay con qué hacerlo. Una depresión está a la vista, en las últimas semanas los Estados Unidos ha perdido cerca de veinte millones de empleos y Colombia podría llegar a una tasa como la crisis de 1999. Luego surge un problema muy grave en términos sociales y económicos: el desempleo disparado en cifras históricas. Ante esto las autoridades económicas de los países deben disponer todo su conocimiento para proteger al consumidor y al productor, en este caso las empresas.

Los golpes serán muchos y muy fuertes, el desempleo como el factor negativo principal, luego la caída de la renta real y, en consecuencia, de la producción – el PIB -. El mundo está por experimentar un rendimiento económico negativo por causa de los efectos de largo plazo del coronavirus. Otras consecuencias económicas negativas que producirá una depresión están en una disminución de la inversión; en una disminución del precio del trabajo – porque al no producir no habrán utilidades en las empresas que permitan pagar los salarios de los trabajadores -; las personas que viven del salario mínimo y un poco más verán lamentablemente en sus carteras poco dinero lo cual reducirá la compra de bienes y servicios y, por ende, una caída impresionante en el consumo ¡Qué tragedia!

En Colombia confío en la gestión del presidente Duque que en estos momentos está tomando decisiones muy importantes para preservar la salud física y económica de todos.